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CONCURSO LITERARIO DE LA SECCIÓN INTERNACIONAL ESPAÑOLA. 2010

En el concurso literario de este año resultaron premiados los siguientes trabajos:

.- Sarain Shervin de troisième con el cuento: “El diccionario no miente"
.- Alice Lelong de seconde con el cuento: “El pozo"
.- Victoria Séllier de seconde con el cuento: “Una ciega confianza"
.- Sebastián Correa de première con el cuento: “El viaje"
.- Laura Goudrias de première con el cuento: “Un encuentro particular"
.- Amaïa Lelong de terminale con el cuento: “La tía Claudia"
.- María José Traversi de terminale con el cuento: “Teoría sobre el tiempo"

 

El jurado estuvo formado por Don Tomás Solis, Sr.Cónsul de España en Burdeos, Doña. Carmen Bayod,  Sra. Canciller del Consulado de España en Burdeos, D. Edouard Clemente, Inspector Regional de Educación de l'Academie de Bordeaux y D. Miguel Calzada, profesor de Literatura.

De nuevo damos la más cordial enhorabuena a todos los particpantes, tanto los premiados como los no premiados.

A continuación se pueden leer  los trabajos premiados

 

 


 

El Diccionario no Miente...


Cuento:
.Narración breve de sucesos ficticios o de carácter fantástico, hecha con fines didácticos o recreativos: el cuento de la bella durmiente del bosque.
.Mentira, pretexto, simulación: es muy aficionado a contar cuentos que nadie cree.
.Enredo, chisme: no me vengas con cuentos que no me interesan.
.el cuento de nunca acabar ( col). Asunto o negocio que tarda en resolverse o que parece que nunca va a acabar: esta obra del baño es el cuento de nunca acabar.
.a cuento loc. adv. col. Al caso, al propósito: eso no viene a cuento.

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¿Qué irónico, no? Bueno, el diccionario no miente, pero el cuento que a nosotros nos interesa tiene una historia más profunda que lo que se dice aquí arriba. El cuento es una narración, el cuento es ficticio, el cuento es fantástico. ¿Qué recuerdos no guardáis en vuestras memorias? Las fantasías de esos hombres con imaginación desbordante que las editoriales han llevado a la impresora, cual misión de estampillar esos papeles con tinta de sueños.

No son narraciones breves las que yo veo por ahí, los nuevos blockbusters del cine americano durando tres horas. Los cuentos de ahora ya no tienen nada que ver con los de antes. Esas películas con nombres como Superman o Harry Potter no tienen nada que ver con los clásicos como Los cuentos de los hermanos Grimm. El cine ya es un cuento de por sí : La cruzada del hombre por poner las imágenes en movimiento. Walt Disney no crea cuentos en negro sobre blanco como los hacían antes los escritores, sino que ponen toda la magia y fantasía en movimiento, para contarnos historias y hacer volar nuestra imaginación.
Los cuentos son una gran mentira, pero una mentira que nos divierte y entretiene. Los cuentos son pretextos para poder acostarse en el sofá y desconectarse del mundo hasta el próximo capítulo, para ver si el príncipe salva a la princesa. Para cierta gente con poca imaginación, eso de que los cuentos tienen que tratar de un príncipe que se casa con una princesa en una época medieval y en un mundo donde existe la magia no son más que cuentos para bebés. Para ellos, la manzana de Blanca Nieves no tenía más que una anestesia, de esas que se usan en los hospitales y clínicas para los enfermos y miedosos respectivamente. El patito feo no quería salvar más que su autoestima, ya que los demás lo trataban de feo.
Los cuentos no son chismes, y jamás los trataría de enredos. Bueno, hay algunos que son bastante desconcertantes, como la historia de una madre que tuvo un hijo de 5 centímetros, de una judía gigante que va hasta el cielo, de una máquina de coser somnífera. Si alguien pudiera ser inmortal, ya lo vería yo escribiendo el cuento de nunca jamás... Paro los cuentos infinitos no existen, ya que al final, siempre hay un desencadenamiento insospechado de la historia para terminarse en un final,  la mayoría de las veces alegres. Pero las tragedias, ese tipo de piezas de teatro que siempre acaban mal no han dejado de existir, los dramas familiares que tanto le gustaban a los griegos estan siempre de actualidad.
Bueno, esto no viene a cuento, pero ya me tengo que despedir. No sé de quién me despido, peri sí sé por qué. Porque si no esto sería el cuento de nunca acabar. Y yo no tengo toda una vida para escribir esta historia. Como os  dije antes, el cuento de nunca jamás no existirá nunca jamás. Aunque, pensándolo bien, esto no es un cuento, yo diría más bien que solo es una opinión personal. Yo ya no sé ni qué escribir, así que mis más sinceras salutaciones, a quien quiera que sea que se haya interesado por ésta, mi opinión.

Sarain Shervin ( troisième )




EL POZO



¡Qué tiempo tan desagradable estaba haciendo ese mes de julio en el que me decidí a pasar unas semanas en casa de mi abuela Federica! Y la verdad, tampoco es de extrañar ya que en Galicia, el buen tiempo no es una garantía aunque estemos en verano. Ese pueblo es de lo más troglodítico, como los de los alrededores: no se capta el móvil, no conocen Internet y apenas los ordenadores…la tecnología no les interesa a esta gente que parece que se quedaron con la misma ropa y los mismos inventos de los tiempos de la posguerra. Lo más moderno que tiene mi abuela es una radio Sony de los años 80 y uno de los primeros televisores en color que le regalaron mis padres cuando se quedó viuda en el que milagrosamente se ven tres cadenas, Antena 3 bastante mal. Mi abuela es una señora pequeñita, discreta pero amante de los chismes que no dejaba de contarme en cuanto pasaba a su lado para “entretenerme”, como ella decía. Y así yo podía oír cosas como éstas:-“¿Sabes que la que vive al lado de la iglesia, la que se casó a los dieciocho años con el padre del loco ese que se fue a vivir con la hija que adoptó la vecina del indiano, está entendiéndose con el vecino del panadero? ¡A sus años!” Cuando yo oía esto me decía, ¡caramba con la abuela Federica que parece que anda medio sorda y adormilada y se entera de todo lo que pasa cerca! Yo, la verdad, a la segunda frase ya había desconectado. “¿Te he contado lo que se dice sobre la panadera?
-Sí, abuela. Ya me lo has contado varias veces.”
Empezaba a aburrirme pues la tele la tengo olvidada y de radio nunca he sido muy amiga y como no tenía nada que hacer de los rumores del pueblo, decidí que podría acercarme a la biblioteca comarcal que estaba a una distancia razonable para ir andando. De veranos anteriores conocía ya todos los cómics y novelas clásicas que tenían. Ni el teatro ni la poesía me entusiasmaban así que me acerqué a curiosear en la balda de los libros de Galicia. Tenían todos el lomo descolorido. Al azar cogí uno que me pareció poco voluminoso y con un título un poco ridículo “Nuestras vecinas las meigas”. ¿Pero todavía hay gente que cree en las brujas? ¡Cómo va a evolucionar un país con personas tan supersticiosas! Lo curioso del libro es que a pesar de ser bastante viejo, no estaba muy manoseado. Estaba escrito con letra bastante grande lo que me animó a empezar su lectura. De vez en cuando había alguna ilustración. Eran pequeñas historias de habitantes de la comarca donde estaba que habían tenido relación con las meigas. No parecían ni muy pesadas ni tampoco desagradables por lo que seguí leyendo.
Cuando realmente empezó a interesarme el libro fue cuando empezó a describir una escena que yo conocía muy bien puesto que era la comarca de mi abuela. Los protagonistas vivían en su pueblo. Por fin la narración era interesante. Contaba los fenómenos extraños que rodeaban a una familia que vivía enfrente de la casa de mi abuela. Lo sé porque cuando describía lo que veían por la ventana yo reconocía la huerta que está a un lado de la casa, el gran nogal y el corral que preceden la pequeña granja. En lo mejor de la narración, cuando creían poder explicar el porqué de los extraños acontecimientos… faltaban dos páginas, justo las del final. ¡Me dio una rabia! Tanta que salí y decidí coger un autobús para ir a Lugo a ver si encontraba el libro en el Fnac. Tuve mucha suerte porque lo encontré, en una colección de bolsillo. Toda contenta lo saqué para seguir la lectura en el trayecto de vuelta pero al llegar a donde había dejado el relato, vi que saltaba dos páginas y que la historia no tenía ningún final. Cuando llegué tarde a casa cansada y decepcionada, mi abuela empezaba a preocuparse. Antes de entrar había mirado enfrente de la granja y, curiosamente no había ninguna casa, sólo viejos árboles y un pozo. Sin embargo la descripción que se hacía de todo lo que rodeaba la granja de mi abuela era flagrante: la descripción había sido hecha desde la parte de enfrente. Le pregunté a mi abuela si ella no había conocido la presencia de alguna casa donde ahora no había ni muros ni piedras. Contrariamente a lo que podía esperar, mi abuela no me respondió, cambió de conversación e insistió en que cenara antes que nada. Durante la cena insistí en la pregunta que le había hecho y ella diciéndome que estaba muy cansada, se fue a dormir. A la mañana siguiente, se había ido antes de que yo desayunase, cosa rara porque todos los días era ella la que me preparaba el desayuno.
Decidí ir a preguntar a la vieja Blasa, una vecina de mi abuela que vivía un poco más lejos, por la existencia de una casa enfrente. Antes había pasado cerca del pozo y me había dado la sensación de que en un tiempo, había existido una construcción: no había árboles, solo pequeños arbustos y ese pozo… ¿un pozo en medio de nada? La vieja Blasa pareció muy contenta al verme pero su cara cambió cuando le pregunté sobre la posible existencia de una casa enfrente de la de mi abuela. Empezó a decirme que tenía prisa y que tenía que irme. Todo esto parecía cada vez más misterioso.
Decidí ir al ayuntamiento para consultar el catastro. Cuando intenté informarme sobre la propiedad situada frente a la casa de mi abuela, la secretaria no pareció muy animada a ayudarme pero le recordé que la consulta es pública. Vi entonces que en la propiedad aparecía la construcción de un pequeño pazo, el Pazo de auga negro. Extrañamente no figuraba el pozo pero si una gran casa en el centro de una propiedad inmensa.
Mi abuela me estaba esperando para comer pero no tenía ningún cotilleo que contarme. Le dije que había ido a ver que había existido anteriormente enfrente de su casa. Ella, un poco disgustada, me dijo que había tenido una mala idea. Le pregunté por qué me decía eso y ella empezó a decirme que no había que remover las cosas que pasaron hace tiempo, que eso no les gusta a las meigas y me dejó. ¿Qué es lo que había pasado allí? ¿Por qué la casa había desaparecido y todo el mundo evitaba hablar de ello? Decidí acercarme más al lugar. La vegetación crecía con dificultad pero ninguna piedra indicaba la antigua existencia del pazo. Me acerqué al pozo y cuando me iba a asomar a ver si había agua, un viejo que pasaba por allí me gritó diciéndome que me alejara de aquel lugar. Le hice caso y le pregunté la razón de alejarme de allí. El viejo se dio media vuelta pero yo lo seguí. Empezaba a estar cansada de que todo el mundo comenzara a mostrarse tan misterioso. Acompañé al viejo hasta una pequeña chabola donde vivía. No recordaba haber pasado nunca por allí. Él me dijo que no era una buena cosa recordar antiguas y tristes historias pero yo quería respuestas. Tanto insistí que me contó que él había oído hablar de una rica familia numerosa que había vivido en el Pazo de auga negro hacía muchos años pero que veían con gran pena que sus hijos se morían aunque tenían buena salud y que habían acudido a las meigas para que les ayudaran a encontrar una explicación. La historia me sonaba, era la que contaba el libro de la biblioteca. Pero justo cuanto las meigas iban a dar el remedio, la historia se interrumpía. Siempre hubo un gran misterio en torno a la casa de aquellos señores a los que se les morían los hijos y que un día decidieron derribar la casa. Lo que yo no acababa de entender es por que habían dejado el pozo a pesar de ese nombre “aguas negras” que seguramente hacía referencia a aguas oscuras que seguramente nunca fueron potables. Yo nunca habia visto que alguien se acercara al pozo. Todos veían malos espíritus en el pazo pero no en las aguas.
Me encontraba igual que al principio, sin conocer el final de la historia. Volví a casa y antes de entrar me acerqué al pozo, esta vez con un poco de miedo, lo reconozco. No me atreví a asomarme para ver si estaba seco o no pero fijándome bien, grabado en el borde había algo escrito que no conseguía leer con facilidad porque el tiempo había desgastado la piedra. Con mucha paciencia pude descifrar algo escrito en gallego que decía más o menos: El agua es libre, si te la apropias causará tu perdición. ¿Tenía algún sentido todo eso? ¿De dónde salía esa amenaza?
Volví a comer. Cuando le conté a la abuela que había estado en la chabola de un viejo que había pasado por allí, ella se enfadó y sorprendió. “¿Alguien habla del Pazo de auga negro? Trae mala suerte y molesta a los malos espíritus”, me dijo ella. Yo le hice ver que eso no tenía mucho sentido pero ella me dijo que no se podía ir contra el destino.
Al día siguiente me encontré paseando por el pueblo al hijo del alcalde, un chico bastante guapo y simpático pues nada más verme vino a presentarse y me invitó a tomar algo en el bar de la plaza. Le conté lo aburrida que estaba pero que sin dinero y con los padres trabajando, mi única posibilidad para cambiar un poco de aires era viniendo a casa de mi abuela. Hablando empecé a contarle el misterio del Pazo de auga negro. Para él no había mucho misterio. Él conocía un poco la historia. Esa familia, cuando se instaló allí, desvió el curso de un río y dejó sin agua a una parte de la población. Dos de sus hijos murieron pero nunca se supo la razón. Algunos decían que alguien había envenenado las aguas del pozo pero vinieron de la ciudad a analizar el agua y no encontraron nada. El caso es que los dueños decidieron destruír el pazo y se volvieron a la ciudad. Le pregunté por qué no habían destruído el pozo. Esto le sorprendió porque según él, todo había sido destruído. Le propuse enseñarselo y él me acompañó. Yo pensaba que me iba a dar algo cuando al llegar vi que no había nada: sólo los árboles que rodeaban lo que fue el pazo y algunos arbustos. Ni rastro del pozo. Él pensó que yo le había hablado de un pozo para “ligar” con él y que había funcionado. Yo, no sabía qué pensar. Fui a buscar a mi abuela para que confirmara la existencia del pozo pero mi abuela pareció muy extrañada cuando se le dije que siempre había habido un pozo enfrente de su casa. Los dos se miraron entre ellos, sonrieron y la abuela nos propuso unas coca-colas. Fuimos a tomarlas y cuando Ángel se marchó diciéndome que me invitaba a ir al cine al día siguiente, yo me quedé muy pensativa: ¿me había imaginado yo todo el tiempo la existencia del pozo? ¿Lo había leído en la historia? ¿Las meigas siguen utilizando sus poderes para que algunos imaginemos cosas que no existen?
Intenté no darle muchas vueltas al fin y al cabo, un pozo había desaparecido en un lugar y en mi cabeza y un chico había aparecido en lo que parecían ser unas tristes vacaciones y ya no lo iban a ser.


 ALICE LELONG.   Alumna de Seconde.



 (Irán apareciendo en esta página las demás textos premiados )

 

 

 


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