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Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez nace en Moguer (Huelva) el 23 de diciembre de 1881: "La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en un casa vieja de grandes salones y verdes patios". El poeta recuerda de su infancia que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad. "Mi mayor placer era.... pasearme por el jardín, por las tardes, cuando volvía de la escuela y el cielo estaba rosa y lleno de aviones".

Terminado el Bachillerato, se va a Sevilla para estudiar pintura y leyes, aunque realmente nunca estudió Derecho. Descubre a Bécquer, se entusiasma con él y pronto abandona el taller de pintura por la biblioteca del Ateneo de Sevilla. Comienza a publicar sus primeros poemas.

"Recibí cartas de escritores jóvenes que me invitaban a venir a Madrid y a publicar un libro de versos. Mi adolescencia cayó en la tentación", y se fue a Madrid, y publica sus primeros libros, con los que no sólo se iniciaba en su "lucha modernista" sino que emprendía una de las aventuras líricas más apasionantes del siglo XX.

Se siente enfermo y regresa a Moguer, pero con la muerte de su padre se agrava su estado y entra en un hospital francés con un cuadro depresivo agudo (1901). Cuando mejora, y tras descubrir el simbolismo, vuelve a España y entra en contacto con la Institución Libre de Enseñanza. En un ambiente de "convento y jardín" escribe Arias tristes (1903) y funda la revista Helios. Escribe Jardines lejanos. La ruina familiar acentúa de nuevo su enfermedad y, con nostalgia de Andalucía, vuelve a Moguer (1905).

En la soledad del campo y el pueblo, en compañía de simbolistas y leyendo a clásicos españoles, serán años de intensa creatividad: Las hojas verdes, Baladas de primavera, Elegías, La soledad sonora, etc. Es cuando escribe Platero y yo, en prosa, "historia anecdótica y lírica" de su infancia, que publica en 1914. Es el libro más conocido y traducido del poeta, "el mejor poema en prosa escrito en lengua castellana", como se afirma en la solicitud del premio Nobel para J.R.J., que presenta la Universidad de Maryland. En los primeros libros, rechazados luego por su autor, se encuentran ya elementos que expresan el anhelo de encontrar un camino de salvación (dolor, tormento, angustia), que se plasma primero en la depuración de elementos modernistas presididos por Bécquer (Arias tristes, Jardines lejanos). En estos libros de su etapa moguereña, los postulados krausistas, aprendidos en la Residencia de Estudiantes, inciden en la concepción de la perfección y salvación del hombre a través de la escritura (Elegías). Son libros de tanteos, de comunicación con la naturaleza (Soledad sonora), de atención a lo popular (Baladas de primavera), de progresión hacia la configuración de un mundo que aspira a lo eterno (Melancolía).

Vuelve a Madrid y, hospedado en la Residencia de Estudiantes, se dedica en cuerpo y alma a la poesía (Sonetos espirituales, Estío). En una conferencia, le presentan a Zenobia Camprubí, con la que colabora en la traducción de Rabindranah Tagore. Tras un noviazgo difícil, terminarán casándose en Nueva York (2 de marzo de 1916).

Regresan a España después de una estancia de más de tres meses en América. Las impresiones de este viaje americano van a ser el origen de Diario de un poeta recién casado, uno de los libros más originales de la literatura española, escrito en verso y prosa, donde el poeta descubre, en su vivencia del mar y el amor, el camino de depuración poética que no abandonará a lo largo de su vida. Es una obra que supone la doble confirmación de un profundo cambio estético y metafísico. El proceso de depuración y esencialización de la palabra poética, iniciado en Estío y Sonetos, alcanza su madurez en Diario. El alma viajera, "más hondo, más alto siempre" utiliza como pretexto su encuentro con el mar para reflexionar sobre los temas vertebradores de toda su obra: el encuentro con la belleza, la soledad, la búsqueda de la eternidad, la plenitud del amor. Todo ello, con su absoluto dominio del "verso desnudo".

Con Poesías escojidas (J.R.J. escribía siempre "je, ji", nunca "ge, gi"), "historia muda de toda su obra poética" y con la Segunda antolojía poética (1922), confirma el carácter metafísico de la escritura en sí misma iniciado en las primeras revisiones de Ninfeas y Almas de Violeta. La depuración y corrección de su obra van a ser tan importantes o más que la propia creación. En esta pugna entre la creación y la labor de depuración se le pasan los años sin publicar.

El camino de desnudez y profundidad serán los motivos esenciales de Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía, Belleza (1923), libros un tanto metapoéticos, en los que es clave la reflexión sobre la poesía: la palabra poética como pauta de comprensión del mundo y de sus otras realidades escondidas, como superación de la muerte, como conformador de un yo autosuficiente que penetra en los recónditos misterios de la vida.

A partir de estos libros, el poeta se dedica a ordenar su obra completa (es un autor muy prolífico). Él considera lo publicado como "material poético" para la obra definitiva que quiere comenzar a publicar: "... después de veinticinco años de incesante trabajo con la Belleza, siento, pienso, veo claramente que ahora es cuando comienzo; y si vivo quince o veinte años más, creo que podré ver realizada mi obra".

Llega la Guerra Civil. A mediados de 1936, Zenobia y Juan Ramón salen de España. Empieza la etapa americana que se prolongará hasta su muerte. Sorteando enfermedades y hospitalizaciones, será una etapa marcada por continuos desplazamientos (Puerto Rico, Cuba, Maryland, Buenos Aires, Baltimore...). Definitivamente se instalan en Puerto Rico (1951). El poeta empieza a trabajar y divulgar su conjunto de textos de carácter ético-filosófico y colabora asiduamente en periódicos y revistas. De sus últimas obras, destacan Romances de Coral Gables (1948) o Animal de fondo (1949), primera parte de un libro más extenso titulado Dios deseado y deseante. En el otro costado, donde figura un extenso, bellísimo y asombroso poema en prosa, Espacio, cima de su creación. Son libros que conforman la gran poesía de la madurez juanramoniana.

Si la "avidez de eternidad" había marcado la poesía anterior al exilio, la "conciencia interior" de la plenitud conseguida alimenta estos libros: el poeta se siente poseedor ya del mundo que ha estado buscando; la inmortalidad conseguida, la muerte engañada, la satisfacción por la perseverancia recompensada, vertebran el endiosamiento final de la conciencia de la belleza obtenida mediante la creación poética.

El 26 de octubre de 1956, la Academia sueca le concede el Premio Nobel de Literatura por "su poesía lírica, que en el lenguaje español constituye un ejemplo de elevado espíritu y fuerza artística".

Tres días después muere Zenobia. Juan Ramón ve arruinarse el sueño de un mundo autosuficiente levantado a espaldas de la muerte y del "sucio mundo de los hombres". Aunque en 1957 aparece la Tercera antología, el poeta se abandona, deprimido, derrotado, sumido en la tristeza, se encierra y espera la muerte. No vuelve a salir de casa, y el 29 de mayo de 1958 muere uno de los poetas más importantes del siglo XX de toda la literatura española. Sus restos, con los de Zenobia, reposan en Moguer.

J.R.J. supo representar a la perfección el papel que él mismo se había asignado: heroísmo ejemplar de voluntad y de tesón incomparables.


Francisco Gallego Casado

Juan Ramón Jiménez


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