En la Universidad de Salamanca
Altezas
Sr. Presidente de la Castilla y León
Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Salamanca
Magníficos Sras. y Sres. Rectoras y Rectores de las Universidades Españolas
Sr. Rector de la Universidad de Coimbra
Sr. Presidente de la CRUE
Sr. Presidente del Consejo Social
Autoridades
Señoras y señores
Es difícil sustraerse a la emoción de este lugar y de esta ocasión y, además, no parece necesario. Hay edificios que tienen aroma, que está formado no por los olores sino por las palabras dichas en ellos. Es el caso.
Altezas Reales:
Ante todo, deseo les expresar nuestra satisfacción por su presencia en la ceremonia de la apertura oficial del curso académico universitario. Con ella nos hacen llegar a toda la comunidad universitaria el permanente apoyo de la Corona, que deseo agradecer en nombre de todos. Resulta especialmente relevante y significante y constituye, sin duda, un aliento para nuestra labor.
Asimismo, quiero agradecer al rector Gómez Asencio y a esta universidad de Salamanca, a la Comunidad de Castilla y León, a la ciudad, Sr. Presidente y Sr. Alcalde, su hospitalidad, y felicitar al profesor Esteller por su lección magistral. Siempre creí que el tiempo era la distancia de algo respecto de sí mismo. Si no hay tiempo estamos perdidos, pero si no hay distancia estamos acabados. Menos mal que nos queda tarea. Siempre he dicho que prefiero las cosas que me quitan el sueño a las cosas que me dan sueño, pero hoy, visto lo oído, tendré que considerarlo.
Celebrar la apertura del curso académico universitario en esta Universidad de Salamanca, la más antigua de nuestras universidades, y hacerlo, como no puede ser de otra manera, siguiendo el ritual que marca nuestra tradición académica es una enorme satisfacción.
De los datos que se recogen en la Memoria del Curso 2008-2009, presentada por la secretaria general se desprende con claridad que la Universidad de Salamanca ha continuado durante el pasado curso académico trabajando intensamente avanzando en el camino para alcanzar las mayores cotas de calidad en el servicio público que presta. No es de extrañar cuando uno siente la historia que aquí se ha vivido. Nos congratulamos por ello Magnífico. Rector, Sr. Magnífico, le felicitamos y felicitamos a toda la comunidad universitaria de la Universidad de Salamanca.
El balance referido al sistema universitario español, fruto del excelente trabajo de las universidades, nos hace sentir satisfechos a juzgar por los principales indicadores y los objetivos alcanzados. No es momento de detenerse en ello.
Uno puede comprender cuando analiza que en el curso 08-09 se han impartido 148 títulos de grado. Y que sin embargo, hasta la fecha hay ya 1.235 títulos de grado verificados positivamente, 1.527 títulos de master y 972 títulos de doctor. Alguien ha debido hacer bien las cosas. Y yo le quiero felicitar por ello.
Ha sido un trabajo compartido y nos sentimos agradecidos, también deudores, del trabajo y esfuerzo realizado por todos los miembros de la comunidad universitaria. Estamos reconocidos y agradecidos.
Reivindicamos un legado común. Las universidades españolas, conscientes de su irrenunciable función social y de la necesidad de responder adecuadamente a las necesidades y exigencias de la sociedad han experimentado en estos últimos un profundo proceso de transformación. No podemos ser injustos con nuestras propias universidades y no reconocer ese esfuerzo y esa transformación.
La sociedad española difícilmente hubiera alcanzado los actuales niveles de desarrollo y bienestar sin los miles de licenciados que salen cada año de nuestras aulas y se incorporan al mundo de la empresa y los negocios, y al servicio público a través de las diferentes administraciones, o sin el conocimiento que desde la investigación generan y transfieren nuestras universidades. Han prestado y prestan por tanto un excelente servicio a la sociedad. Y alguien tendrá que deciro. Y esta es la ocasión.
Por eso me parece importante iniciar este curso haciendo llegar mi felicitación y mi agradecimiento, como Ministro de Educación, a toda la comunidad universitaria. Gracias y felicidades a los profesores e investigadores por vuestro trabajo y dedicación, por vuestra generosidad al asumir responsabilidades como cargos académicos y miembros de comisiones de trabajo. Gracias y felicidades al personal de Administración y Servicios por vuestro trabajo, profesionalidad y motivación en una actividad tan compleja e imprescindible como la gestión universitaria.
Gracias también a los estudiantes por confiarnos su formación, como profesionales y como ciudadanos, por la dedicación a sus estudios, por su compromiso con la consecución de una universidad mejor.
Gracias rectoras y rectores por impulsar, promover, coordinar y realizar esta tarea.
Y una bienvenida muy singular a quienes os incorporáis a la Universidad donde espero viváis momentos decisivos en vuestras vidas.
Pero reconocer lo ya hecho, valorar en lo que vale el esfuerzo realizado no es nunca suficiente. En un mundo dominado por la dinámica del cambio, la actitud de la Universidad no puede ser la de limitarse a contemplar con orgullo su historia y asistir pasivamente al desarrollo del futuro. La Universidad tiene que ser capaz de seguir creciendo y respondiendo a los cambios, y también de anticiparlos, pues de otro modo se alejara de la sociedad y dejara de cumplir con su función social.
La universidad se encuentra en un verdadero proceso de reconsideración que le permita repensar su misión, su organización y sus métodos, avanzando hacia una educación basada en una investigación abierta, internacional, multidisciplinar y guiada por los valores y por la ética, hacia una educación orientada no sólo a la adquisición de conocimientos sino a pensar y a enseñar a pensar, hacia una educación dirigida a la formación continua de profesionales, hacia una educación e investigación vinculadas con los sectores productivos y con la sociedad en general para poder cooperar más activamente a su desarrollo.
No podemos sustraernos a las exigencias de una mejora continua de la docencia, la investigación y la gestión, particularmente en la actual situación de creciente mejora de la calidad de la Universidad española en un contexto internacional. La aspiración a la calidad, a la excelencia, es un compromiso permanente de nuestra Universidad y ha de decirse públicamente. Y por ello trabaja con espíritu emprendedor, transformando los resultados de la investigación en actividad productiva. Generando y asimilando las nuevas conquistas de la cultura, la ciencia y la tecnología y es uno de los elementos estratégicos más importantes del sistema de innovación, también en la innovación social y hemos de reconocerlo y agradecerlo públicamente.
Ya se que algunos consideran que la Universidad se ocupa de tareas superficiales. Como extender la acción tutorial, planificar tiempos y espacios de trabajo académico (calendario, horarios, métrica de aulas y seminarios, estructura de clases magistrales y prácticas…). Pero quien se ha ocupado de estas cosas reconoce el tiempo que hay que dedicar. Analizar la proyección social de grados y posgrados, mejorar las tasas de rendimiento académico y tomar el camino de la llamada "evaluación auténtica", … y alguna que otra tarea de completar documentación y tantos otros. Sabemos que no son pocos estos esfuerzos.
Especial relevancia tiene la atención a la vida de los estudiantes, la compatibilidad del trabajo y el estudio y la progresión en la implantación de la modalidad de Beca Salario. Lo hemos dicho en varias ocasiones: sin los estudiantes, el Espacio Europeo de Educación Superior se convertiría en otra modificación más de titulaciones y planes de estudio. Porque la Universidad es una institución centenaria. Para bien y para mejor.
Por otro lado nuestra pertenencia al Espacio Europeo de Educación Superior nos obliga a la adaptación y modernización de nuestros planes de estudio, de nuestra organización académica, de nuestra estructura básica de centros docentes, de nuestros recursos de aprendizaje, de nuestros sistemas de evaluación, de nuestra gestión académica y, sobre todo, de nuestra concepción de la función docente. Mucha tarea que merece nuestro reconocimiento y el apoyo de toda la sociedad.
El Espacio Europeo de Educación Superior es sin duda un reto, un desafío, pero sobre todo una ocasión que estoy plenamente seguro sabremos aprovechar, porque los universitarios europeos somos conscientes de su importancia para nuestro desarrollo político, económico y social. Y quiero decir públicamente que hay que confiar en la Universidad. Es la oportunidad de Europa. Y hemos de hacerlo bien. La confianza en la comunidad universitaria me permite afirmar ante la sociedad, que lo harán, que lo haremos, entre todos, bien, muy bien.
Desde hace años las universidades llevan insistiendo en que los estudiantes deben ser el centro de esta convergencia, el motor y el eje del proceso. Tienen que ser los protagonistas de esta reforma. Sin paternalismos hemos de confiar en ellos. Los estudiantes han de ser protagonistas activos de una profunda reforma que no afectará directamente sólo a los que hoy ya viene formándose en nuestros centros. Ello les exige poner en juego su demostrado sentido de la solidaridad, su experiencia universitaria, su madurez de juicio y su permanente energía de compromiso. Sin los estudiantes, el EEES se convertiría en una modificación más de planes de estudio.
Tienen razón quienes reivindican las políticas encaminadas a la búsqueda de la excelencia en el sistema universitario han de venir acompañadas de las políticas de becas y ayudas necesarias para evitar que las condiciones socioeconómicas constituyan dificultades enfrentadas al principio de igualdad de oportunidades. Busquemos la calidad pero esta debe caminar junto a la equidad.
Y continuarán las tareas, los proyectos, los desafíos. El marco general de las actuaciones del Ministerio es la Estrategia Universidad 2015, respuesta a la necesaria modernización de las universidades en el marco de la Agenda Europea de Modernización.
Esperamos tener un documento que resuma la situación actual de la Formación Continua en las universidades y proponga actuaciones referidas a este ámbito de especial interés en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior.
Han de culminarse los trabajos ya avanzados sobre los estatutos de Personal Docente e Investigador y del Estudiante Universitario que están en su última fase de negociación. A su vez, la Comisión para la Elaboración del Modelo de Financiación ha seguido trabajando y esperamos disponer del documento próximamente.
La convocatoria del Campus de Excelencia Internacional ha sido un éxito de participación. Las Universidades han realizado un gran esfuerzo para presentar sus candidaturas y confiamos que con su resolución se marque un camino sin retorno hacia la excelencia internacional en nuestro sistema universitario. Sabemos lo complejo de la tarea y lo denodado del esfuerzo, pero también subrayamos la importancia de vertebración, agregación y articulación territorial, social y académica del proceso y de las propuestas. Y les felicito por ello.
Ni un ministro solo, ni un Ministerio solo, ni un Gobierno solo, ni siquiera la comunidad universitaria sola puede afrontar el reto de la educación en nuestro país. Necesitamos un esfuerzo de toda la sociedad. Y si hoy inauguramos el curso universitario no es sólo como un acto de satisfacción de todos quienes trabajamos o trabajan en la Universidad. Es de toda la sociedad. Y por eso algunos pensamos que es necesario un pacto social y político por la educación en el que pondremos todo nuestro interés y esfuerzo. La Universidad ha de formar parte decisiva de este pacto.
Y desearía concluir con una breve reflexión. Estamos celebrando esta apertura de curso en una universidad casi ocho veces centenaria y que se prepara con ilusión para la celebración de esa efemérides. Una Universidad que tiene entre sus rectores a uno de los más ilustres y destacados pensadores españoles, Miguel de Unamuno, protagonista a su pesar de un triste episodio: el insulto a la inteligencia en la misma cuna del saber y el conocimiento. Volver la vista a la memoria exige frecuentemente reparaciones para poder hacer las paces con la verdad y la justicia. Es indispensable habilitar en todos sus extremos su labor, destacar su pertenencia a esta Universidad y así lo solicitaremos a la Comisión del VIII Centenario.
Estoy seguro que traer a este momento el recuerdo del rector Unamuno (felicidades don Miguel, en el día de su cumpleaños) es una buena forma de reivindicar la inteligencia y el conocimiento ¡Que viva la inteligencia! Que viva una visión abierta y plural de la ciencia, humanística y comprometida. Queremos una universidad inteligente, que es capaz de fijarse objetivos y poner los medios necesarios para alcanzarlos, que se adapta a los cambios o, mejor, se anticipa a ellos o incluso los promueve, que aprende de la experiencia, que crea y no sólo elige, que se ramifica y no se pliega sobre sí misma, es comunicación y no aislamiento, que es plaza abierta y no claustro cerrado. ¡Que viva la inteligencia!
Una universidad inteligente opera de modo descentralizado, distribuyendo responsabilidades de modo cooperativo o competitivo según el caso siempre colaborativo. Pero siempre en un ambiente de colaboración. No en vano se considera la capacidad de aprender como una de las características fundamentales de los seres inteligentes.
Otra característica de las universidades inteligentes es su capacidad de vivir en permanente adaptación. Las universidades deben ser capaces de aprender, por supuesto, pero también de desaprender, y más concretamente de hacerlo en caso de inercias y resistencias al cambio. Desaprender en el sentido de deconstruir una situación vigente en el sistema. Desaprender en el sentido de volver a pensarlo de nuevo, de reconstruirlo con nuevo significado o con intervenciones nuevas fruto de lo que la propia institución ha aprendido.
Este modelo, este espíritu, ha de impregnar las actuaciones de nuestra Universidad. El panorama es apasionante porque nos permitirá transformar los aparentes problemas en oportunidades. Estoy seguro que entre todos vamos a conseguir esta nueva Universidad. Se lo debemos a nuestro país, a nuestros ciudadanos. Nos lo debemos a nosotros mismos.
Altezas, su apoyo merece nuestro reconocimiento, que hacemos extensivo a SS.MM. los Reyes de España que tanto impulsan y alientan la educación en nuestro país. La universidad es educación, educación superior, por eso en nombre de la comunidad universitaria les reiteramos nuestro agradecimiento, nuestra alegría y nuestro afecto por su presencia entre nosotros.
Muchas gracias.