Majestades
Excmos. Señor Presidente de la R. A. de Jurisprudencia y Legislación
Señor Presidente del Instituto de España
Sres. Directores y Sres. Presidentes de las Reales Academias
Señoras y Señores Académicos
Señoras y Señores
Gracias Majestades por vuestra presencia que pone de manifiesto, una vez más, el apoyo de la Corona a la ciencia, las artes, las humanidades, la cultura, y la educación y asimismo expresa el reconocimiento del trabajo de nuestras Academias, de los científicos, intelectuales y artistas, comprometidos con el pensamiento, con el conocimiento, con su transmisión, generación y difusión.
Gracias también a todos los académicos que nos acompañan en este acto y muy especialmente a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y a su Presidente, por su hospitalidad al acogernos en su sede.
Nos encontramos en un lugar singular, un edificio que nos dice como nos hablan tantas palabras pronunciadas en este recinto. Un edificio es también lo dicho y vivido en él. Y en sus quehaceres se alumbran ahora tareas de renovación. El valor simbólico del edificio y su historia nos dan hoy que pensar.
En la palabra edificio escuchamos la convocatoria a una tarea, la de aedificare, hacer fuego, lumbre, hogar, la de ofrecer el aliento del fogón, del brasero y encontrar fuerzas, razones y compañía para proseguir. No se trata sólo de atender las cuestiones que están al rojo vivo, sino de procurar lo que brilla, lo que resplandece, lo que es ardiente, y venir a ser, queridos académicos, un hogar de la palabra y del pensamiento, una palabra que procure acción.
Como bien saben, la actual sede fue inaugurada por el rey Alfonso XIII, en 1905, en este inmueble, obra del arquitecto Manuel Martín Rodríguez, concluida en 1798. Desde la Real Orden de cesión en 1903 ha vivido varias reformas, algunas muy significativas y también usos muy distintos. Este magnífico edificio es hoy, suele destacarse, asimétrico pero, añado, armonioso. Según alguien dijo, gracioso y prolongado y, como otros subrayan, luciría más en una calle menos angosta. Su cesión no puede desvincularse del hecho de que Raimundo Fernández de Villaverde fuera a la par ministro de Hacienda y Presidente de la Academia, cargo al que renunció para ser nombrado Presidente de Gobierno. Eran tiempos con otra noción de los ámbitos de decisión.
Tal vez puede resultar significativo que esta Real Casa, ahora Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, se encuentre situada en el entorno del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía y corazón de la actividad legislativa. Y que uno y otro, como seguramente habrán comprobado esta tarde muchos de ustedes, están inmersos en una zona de la ciudad sometida a una casi frenética renovación y modernización urbanística. Quizá por ello, el edificio, su historia, sus avatares indique los caminos, los tránsitos y vaivenes de la Academia, a su modo, de las Academias.
La Dirección General del Patrimonio del Estado tramita la adquisición del edificio colindante, sito en Marqués de Cubas, 15, a fin de ceder su uso a esta Real Academia. El Ministerio de Educación ya manifestó su conformidad para la afectación del referido inmueble a este Departamento. Y así el edificio que trasparece como Real Casa del Vidrio, viene haciéndose aún más casa, más hogar.
Nos encontramos en un proceso de modernización e internacionalización de nuestras instituciones de estudios superiores y en la búsqueda de un gran compromiso de toda la sociedad por la educación, la ciencia, la investigación, la innovación y el desarrollo. Es necesario cultivar e impulsar todas nuestras capacidades profesionales e institucionales, poner en su máximo valor y acción nuestras posibilidades. Por eso hoy nos convocamos a una gran tarea colectiva, de organizaciones y entidades que ya venimos realizando y que hemos de articular, vertebrar y hacer fructificar. Esperan de nosotros y trabajan ya con nosotros. Y respondemos y responderemos.
El Instituto de España, recoge en sus Estatutos la necesidad de "mantener y de estrechar la fraternidad espiritual" de las Reales Academias. Esta labor ha de sustentarse en la que efectivamente realizan, dado que son ellas las que "auxiliándose y complementándose" propician "la mayor eficacia de sus tareas y actividades", ejerciéndolas, si así lo consideraran, en común. Siempre se requiere coordinación e impulso, si bien la efectiva colaboración de las Academias es la mayor garantía de fraternidad espiritual. La hermosa palabra "fraternidad", que es más que solidaridad, propicia lo que Hegel requiere, la diferencia en la libertad. No es secundario que precisamente el árbol de la libertad se plantaba en el centro de la plaza y el de la fraternidad en los linderos de los caminos, entrelazando por encima de barreras y de fronteras.
Hemos de agradecer el apoyo y la coordinación de todas las Academias, de comunicación entre ellas y la proyección de sus trabajos hacia la sociedad. Estamos convocados para que el pensamiento, el análisis, la reflexión, el estudio, la investigación y la enseñanza sean aún más determinantes en la sociedad, y las Academias son decisivas al respecto.
Agradecemos también a nuestras Reales Academias el hecho de que a lo largo de su prolongada historia, con una permanente evolución sin dejar de ser fieles a los fines para los que fueron creadas, vengan a ser hoy tan determinantes. Si las Academias han llegado hasta nosotros como corporaciones vivas es porque han sabido responder a las distintas circunstancias sociales, políticas y administrativas sin perder su identidad.
No han dejado de cambiar para poder comprometerse con su tiempo, y con las exigencias y necesidades de la sociedad a la que sirven. Ahí está, por ejemplo, la renovación estatutaria, exigida por los cambios experimentados en nuestro ordenamiento y por la asunción de los valores propios de una sociedad democrática y que ha de proseguir.
Precisamos incidir en estos procesos colectivos de modernización y de adecuación a una nueva situación, a la que el Instituto de España y todas y cada una de las Academias, también las de ámbito territorial más limitado, local, provincial, regional no son ajenos, de acuerdo con los marcos constitucional y estatutario. Y sé que estamos en ese proceso.
El cultivo del conocimiento es determinante para la salud personal y social, para la salud en todos los sentidos y con todo su alcance. Sólo así nuestro legado será entrega del testigo y del testimonio del saber. Cuando no se transmite el conocimiento y la ciencia, se cultiva el resentimiento de la sociedad, muy especialmente el de los más jóvenes. El saber no transmitido, no entregado, no donado, no devuelto se marchita y nos marchita a la par. Las Reales Academias son de la sociedad, para su progreso y bienestar. Y deseo agradeceros que así lo sintáis.
Nuestra sociedad sigue necesitando las Academias, que no se limitan a ser patrimonio cultural y científico de todos los españoles, sino que son, sobre todo, espacios privilegiados para el debate y la reflexión en los que a la excelencia probada de sus miembros se unen la independencia y ponderación en sus acciones. Porque sabemos que ninguna de las preocupaciones de nuestros ciudadanos, ninguno de sus problemas, os son ajenos, necesitamos reforzar la presencia en la sociedad y poner en valor vuestro caudal de conocimientos, investigación y pensamiento, de forma que la sociedad entera se beneficie de vuestra competencia y sienta vuestro compromiso.
Precisamos del concurso de los mejores para resolver satisfactoriamente cuestiones que afectan al bienestar de todos y que son determinantes para nuestro futuro como país y como sociedad. Necesitamos ese magisterio y ese compromiso. Y estamos seguros de poder contar con ellos, contar, como vienen haciéndolo, con ustedes, con vosotros.
En esta Real Casa, al agradecer a esta Real Academia por su labor para con la investigación y el cultivo del Derecho y la ciencia afines, y por su contribución al perfeccionamiento de la legislación, les felicito, a quienes hoy nos reunimos aquí. A todas las Academias, y a todos los Académicos gracias por vuestra labor, por velar y hacer germinar y crecer la lengua, el saber, la ciencia y el amor a ellos.
Las Reales Academias, centros de cultivo del saber y de difusión del conocimiento, fueron surgiendo del espíritu de la Ilustración y bajo el amparo de la Corona a partir del siglo XVIII. Su tradicional vinculación con la misma quedó renovada al quedar constitucionalmente acogidas al Alto Patronazgo de Su Majestad el Rey, que como viene ocurriendo desde hace más de una década, nos honra presidiendo, hoy con su Majestad la Reina, este acto de apertura del curso de las Reales Academias.
Agradezco singularmente vuestra presencia, Majestades. Siempre supone un estímulo para el trabajo coordinado y articulado, para una visión de Estado, para una respuesta a la sociedad. Su permanente cercanía, Majestades, nos permite, también hoy, expresarles nuestro afecto y nuestro reconocimiento.
Muchas gracias