Señor presidente, señorías, comparezco por primera vez en esta Comisión Mixta para la Unión Europea para exponer los objetivos que se ha trazado el Gobierno en materia de educación para la Presidencia española que comienza el 1 de enero de 2010. La educación es el pilar básico en la vida y la organización de todas las sociedades, es el elemento vertebrador de la cohesión social y del desarrollo. No me cabe ninguna duda de que compartimos esta idea de la importancia de la educación y, además, sé que no es la única convicción en la que coincidimos. En sociedades democráticas como la europea la educación es la clave de bóveda de la capacidad y posibilidad de ejercer la ciudadanía, es el eje esencial del futuro de nuestras sociedades y de ella depende un mundo en el que vivimos y hemos de vivir. Es, efectivamente, un mundo cambiante, el conocimiento crece con extraordinaria rapidez, de forma excepcional, con avances constantes, lo que nos obliga a una permanente reactualización. Pero ya sabemos, lo sabemos con toda claridad, que la educación y la formación son elementos niveladores de primer orden, herramientas clave para lograr y mejorar el empleo, la competividad, la innovación, el desarrollo cultural, la inclusión social, la igualdad de oportunidades, la integración y, en última instancia, por tanto, lograr mayor bienestar económico. Por eso, educación y formación son sinónimos de libertad, de igualdad, de cohesión, que son valores esenciales en la Europa del siglo XXI. Más educación de calidad y para todos, esa es la ambición del Gobierno para España y ese es el eje sobre el que se asentará nuestro trabajo durante el periodo de la Presidencia de la Unión Europea.
Desde sus inicios, este movimiento de construcción europea fue consciente del papel que la educación debía jugar en la creación y fortalecimiento de la ciudadanía europea y también de la necesidad de hacer del conocimiento la base del desarrollo y la prosperidad de nuestra sociedad. La veterana institución universitaria, elemento central en el desarrollo de la cultura europea, tenía la oportunidad de situarse nuevamente en el corazón de la sociedad al vincularse a la construcción de una Europa competitiva, económica y socialmente justa y políticamente unida. Tenemos que recordar algo muy brevemente. En mayo de 1998, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido firmaron la Declaración de la Sorbona y allí concluyeron que para mantener y desarrollar el Estado del bienestar Europa debía basar su competitividad en recursos humanos de alto nivel de formación, defendieron la importancia de que la Europa del saber y de la cultura en el proceso de construcción europea era determinante y que la fragmentación de Europa en sistemas universitarios nacionales aislados e incluso incompatibles restringía el espíritu universalista que inspira la generación y la difusión del conocimiento y era necesario armonizar la arquitectura de la educación superior europea. Pero el mensaje fue muy claro: Europa no podía ser solo la Europa del comercio, del euro, de la seguridad, Europa había de ser, asimismo, la Europa de la cultura, de la educación, de la ciencia, de las universidades, de las ciudades, de los ciudadanos, Europa social.
Sobre estos supuestos, en 1999 las principales universidades europeas se reunieron en Bolonia, respaldadas esta vez -y hay que recordarlo también- por los quince ministros de educación superior de la Unión Europea y otros catorce países más. Y fruto de aquella reunión fue la Declaración de Bolonia. No hay que olvidar que, asimismo, fue suscrita también -algo que es muy importante citar aquí, en el máximo órgano de representación de los ciudadanos- por la Comisión Europea, por el Consejo de Europa y por otras asociaciones de universidades, rectores y estudiantes. Como todos saben, hoy en día este gran proyecto de armonización de los sistemas universitarios nacionales europeos transciende las fronteras de la Unión, pues incluye a 46 países de todo el continente.
Hay quien piensa que la creación de un espacio europeo de educación superior que transciende estas fronteras de la Unión Europea es incompatible con que la Unión juegue un papel protagonista en educación. Si la Unión Europea se ha constituido en una de las regiones con más bienestar de todo el mundo es, sin duda, gracias a la educación y a la formación. Los sistemas europeos educativos con sus diferencias, con sus características nacionales han demostrado ser parte esencial del ser europeo y han constituido la plataforma desde la que se ha construido la más larga etapa de paz, prosperidad y bienestar de Europa. A pesar de ello, la educación no ha formado parte -por así decirlo- de las grandes políticas que han emanado de las instituciones comunitarias, dado que, como ustedes conocen, la educación no tiene un carácter preceptivo para la Unión, sino que busca coordinar y promover, pero es indiscutible el efecto dinamizador que ha provocado la extensión de la educación en la construcción de la Europa social. Es necesario que sea un espacio de equidad, de calidad y de competitividad, un espacio abierto y dispuesto.
Soy consciente de esas resistencias por parte de algunos Estados miembros, pero les puedo asegurar que nuestra posición, junto a la de otros muchos Estados miembros de la Unión, es que el futuro de la educación en Europa no puede liderarse desde presupuestos competenciales. Por ello, nuestra Presidencia va a situar los valores educativos por encima de cualquier debate de carácter más instrumental. Con ello no solo estaremos contribuyendo al futuro de la educación, a conseguir que la Unión Europea pueda constituirse en una región de conocimiento, de innovación y de competitividad, sino que al mismo estaremos haciendo una gran contribución al propio consenso de construcción e integración a través del fortalecimiento de la dimensión social de la Unión Europea. Pues bien, suelo destacar a menudo que programas de intercambio como el de Erasmus han hecho más por la integración europea, por el conocimiento entre países, sociedades, culturas y lenguas que los grandes discursos y, por tanto, considero de enorme importancia trabajar por impulsar desde esa dimensión social de la educación el trabajo de construcción de una Europa social. Soy conocedor también de que el éxito de una Presidencia no radica solo en la bondad de los discursos o propuestas o en la ambición de los proyectos sino en alcanzar el máximo consenso posible entre los Estados miembros. Tenemos, pues, el reto de ser ambiciosos y dialogantes, y para organizar dicha labor considero esencial el apoyo de los grupos parlamentarios aquí representados. El nuevo Tratado de Lisboa otorga un papel reforzado a los parlamentos nacionales que viene, entre otras cosas, a poner en valor a esta Comisión Mixta que tanto ha contribuido a conformar la voluntad europea de las Cortes Generales desde su creación, también del Parlamento Europeo, donde compareceré en el mes de enero. Creo en la Europa unida y creo que el futuro de la educación española pasa necesariamente por la internacionalización y, específicamente, por aprovechar las potencialidades de su pertenencia a la Unión Europea. El pacto social y político por la educación por el que trabajamos en España debe incardinar el futuro de nuestra educación a la Unión Europea, a una Unión Europea que apueste por ubicar la educación y la formación en el corazón del modelo económico y en potenciar la dimensión social de la educación.
Ahora quisiera, señorías, hacerles una serie de consideraciones generales de esa Presidencia Europea antes de exponerles los objetivos que se ha trazado el Gobierno en materia de educación en este contexto general de la Presidencia española. Como saben, el próximo 1 de diciembre entra en vigor el Tratado de Lisboa. Creo que todos debemos congratularnos por ello, pero la Unión Europea afronta grandes retos y desafíos y este tratado es una de las herramientas esenciales para el diseño de la arquitectura política, institucional y social de la Europa del siglo XXI. España afronta la Presidencia en unos momentos de graves dificultades económicas, de tal manera que la lucha contra la crisis, el fomento del empleo y el impulso de un nuevo modelo de crecimiento más sostenible en lo social, lo económico y lo ambiental constituyen los retos fundamentales de la tarea que ha de realizarse más específicamente a partir del próximo 1 de enero. Pues bien, algunos consideramos que la educación, la formación, la innovación y la transferencia de conocimiento van a ser fundamentales en la consecución de la nueva economía basada en el conocimiento en toda Europa. Por eso hemos de afrontar este desafío con la convicción y la voluntad inquebrantables de que es posible una nueva economía al servicio del bienestar social para toda la ciudadanía europea. La crisis económica nos ha mostrado con un fuerte impacto social y económico la debilidad de un modelo donde ha primado la visión cortoplacista, el enriquecimiento fácil y la ausencia de una visión social de la economía. Por ello pensamos que existe otro modelo, otra manera de crecer y desarrollarnos. Tenemos que ver también la crisis desde la perspectiva de estas oportunidades y posibilidades. Así, el Gobierno afronta esta Presidencia Europea desde el convencimiento de que para conseguir una Europa social y una economía al servicio de la sociedad esta ha de estar basada en la educación, la formación y el conocimiento, la educación como corazón de la economía. Si tuviera que resumirlo, diría que nuestra Presidencia debe estar basada en conseguir más igualdad y más innovación, más igualdad para garantizar una ciudadanía plena, educación y formación al servicio de los ciudadanos para mejorar su empleabilidad -no se trata de formar dóciles empleados, sino ciudadanos libres y activos- y más innovación para el nuevo modelo de crecimiento. Cuando hablamos de innovaciones no solo tenemos que pensar en las puramente tecnológicas, tan necesarias, sino también en una expresión que se utiliza con poca frecuencia, las innovaciones sociales que tanto han hecho para le progreso de Europa. En este sentido, nuestro país ha sido en los últimos años un gran precursor en este tipo de innovaciones.
Paso a exponerles lo que constituyen las líneas prioritarias del trabajo del Gobierno en materia de educación de cara a la Presidencia europea. Voy a resumirlas en unas pocas palabras: situar la educación en este corazón de las estrategias de la Unión, es decir, de la estrategia de Lisboa post 2010; reforzar la dimensión social de la educación e impulsar el espacio europeo del Conocimiento como convergencia de los dos grandes espacios en construcción en Europa, el espacio europeo de Enseñanza Superior y el espacio europeo de Investigación, que modernizado e internacionalizado, haciéndolo así en todas nuestras universidades, convergen enseñanza e investigación en el espacio europeo de Educación Superior. Estoy convencido que todos ustedes coincidirán conmigo en esas prioridades, pues expresan la voluntad de una mayor vinculación entre la educación y el desarrollo económico, refuerzan la idea de una Europa social a través del papel determinante que desempeñan la educación en la equiparación social y la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y hacen hincapié en el protagonismo que va a tener la educación superior en el futuro de la Unión Europea.
Quiero referirme ahora a la oportunidad que representa para España en general, para nuestra política educativa en particular, la próxima Presidencia española de la Unión en este primer semestre de 2010. Esta coyuntura nos ofrece la posibilidad que no debemos desatender de tomar una posición de liderazgo en el impulso de procesos de mejora, modernización y ampliación de la formación proporcionada a todos los niveles educativos, en todos esos niveles, en línea con los procesos actualmente en marcha en Europa. Por ello, hemos estado trabajando con la Comisión Europea, la Presidencia europea y nuestro trío de Presidencia en el desarrollo de una agenda política, de tal manera que los dos consejos formales de educación de la Unión que se celebren el próximo semestre en Bruselas, el 15 de febrero y los 10 y 11 de mayo, adopten conclusiones determinantes para mejora de la educación en relación a los siguientes aspectos: el papel de la educación en la estrategia de Lisboa posterior a 2010; la actualización del marco estratégico de educación y formación 2020; la dimensión social de la educación; las competencias básicas en la formación profesional, desarrollando nuevas capacidades para nuevos empleos; la internacionalización de la educación superior y la modernización de las universidades. Me detengo en estos aspectos. La educación en el corazón de la estrategia de Lisboa posterior a 2010. Como les decía con anterioridad, la primera de nuestras prioridades es situar la educación y la formación en el epicentro de las políticas de la Unión, para ello debemos conseguir que la educación y la formación sean lo que deben ser, componentes centrales de la estrategia de Lisboa que se espera adoptar en el Consejo Europeo de primavera de 2010.
La realidad es que en el conjunto de la Unión Europea estamos lejos de alcanzar los objetivos iniciales de esa estrategia, que propugnaba para el año 2010 una economía basada en el conocimiento, la más dinámica y competitiva del mundo. Pero esta constatación, así como los desafíos presentes de relanzar un crecimiento económico sostenible, o de combatir el desempleo, o de reforzar la cohesión social, o de reforzarla ciudadanía activa, de que no hemos logrado aquello que buscábamos lejos de desalentarnos debe impulsarnos a establecer una nueva visión para la Unión Europea de 2020, aprendiendo de los errores y supliendo nuestras carencias. Con anterioridad les decía que la educación y la formación no han sido políticas europeas prioritarias con señas de identidad propias, sino que han tenido un papel vicario dentro de las orientaciones y políticas sobre crecimiento y empleo.
Ahora es más evidente que nunca que la estrategia que dé respuesta tanto a las necesidades inmediatas de relanzamiento económico como a la sostenibilidad en el desarrollo económico y social con vistas de un plazo superior, pasa por la consideración de que la educación y la formación son los factores clave para desarrollar la competitividad y la cohesión social de la Unión Europea. Por eso resulta de capital importancia dar un gran impulso a esta misión de la educación y la formación como motores del desarrollo y el bienestar social europeo y así lo ha acordado el trío, lo hemos acordado, en nuestra agenda política. Dar respuesta a los grandes retos globales a los que se enfrenta nuestras sociedades, energía, cambio climático, alimentación, agua, migración, lucha contra la pobreza, etcétera, pasa también por colocar a la educación y la formación como pilares de la sociedad del conocimiento de esta nueva era. La investigación y la innovación constituyen asimismo pilares básicos de la sociedad del conocimiento, pero la Presidencia española quiere añadir un nuevo pilar: el de la dimensión social y la responsabilidad social de la educación en todos sus niveles, especialmente en la educación superior. Y por ello, vamos a promover desde la presidencia que para alcanzar estos objetivos es necesario incrementar de manera sostenida las inversiones en educación y formación y también hacerlo de manera más eficiente.
Estos desafíos serán objeto de debate en la conferencia que durante el semestre de nuestra Presidencia se celebrará en Madrid, en colaboración con la Comisión, concretamente con el programa Jean Monnet. El objeto de la conferencia será el papel de la educación y formación en la nueva economía europea y la misma contará con las destacadas personalidades del mundo de la universidad, la empresa y la política y las conclusiones de dicha conferencia serán una guía indispensable para las tareas antes señaladas. Asimismo debatiremos sobre estas cuestiones durante la reunión informal que tendremos los ministros de Educación en Madrid durante el mes de abril. El Gobierno español afronta esa tarea consciente de que las dificultades que entraña la toma de decisiones en la Unión Europea no es un obstáculo y dada nuestra absoluta convicción de que la consecución de los objetivos va más allá del breve periodo que abarca la Presidencia, no podemos limitarnos a los objetivos de la Presidencia de turno de un país, sino que hay que ir más allá incluso de la Presidencia de Trío. Nuestro horizonte no debe ser el primer semestre de 2010 sino la prosperidad y el bienestar de las futuras generaciones europeas.
Si nos centramos en este segundo aspecto de la actualización del marco estratégico de educación y formación, señorías, durante la Presidencia española se redefinirán y reforzarán los lazos entre el nuevo marco estratégico de cooperación, educación y formación que tiene como horizonte 2020 y la estrategia global de Lisboa de la Unión Europea posterior al 2010. Esto lo consideramos de extraordinaria importancia y he dicho se redefinirán y reforzarán, porque tenemos que volver a redefinir la estrategia de cooperación en materia de educación y formación entre los Estados miembros y la Comisión, debido al bajo grado de cumplimiento de los indicadores del marco estratégico que teníamos para 2010. Bien sabe uno que la mejor manera de no incumplir unos indicadores es no tenerlos, pero no es esta nuestra posición. Hay que recordar que apenas se han cumplido el referente de números de graduados en matemáticas, ciencias y tecnología, mientras que no hemos alcanzado los objetivos previstos en participación, en aprendizaje permanente, en abandono escolar temprano, en la terminación de educación secundaria y lectura. No podemos hablar de ciudadanía europea plena si las sociedades europeas no alcanzamos estos objetivos que determinan no solo el futuro de nuestras economías sino también de nuestras sociedades.
La adquisición de conocimientos y competencias, que incluyen también los valores democráticos, resulta crucial para el desarrollo personal, para la formación de ciudadanos activos, participativos y críticos y también para que se pueda afrontar con éxito los cambios sociales y económicos que están experimentando nuestras sociedades. En este sentido la Presidencia española trabajará en torno a los cuatro ejes estratégicos de cooperación que han sido acordados por los Estados miembros: primero, hacer realidad el aprendizaje permanente y la movilidad; segundo, mejorar la calidad y la eficacia de la educación y la formación; tercero, promover la equidad, la cohesión social y la ciudadanía activa, y cuarto, reforzar la creatividad, la innovación y el espíritu empresarial en todos los niveles educativos. Durante nuestra Presidencia el trabajo conjunto de los Estados miembros y con la Comisión se basará en el reforzamiento del método abierto de coordinación con selección de objetivos, indicadores, aprendizaje mutuo e intercambio y selección de mejores y nuevas prácticas. En relación con el aprendizaje permanente, se trabajará en la adaptación de los resultados y cualificaciones del aprendizaje a las necesidades del mercado de trabajo, a la demanda social más ampliamente considerada en el contexto del marco europeo de cualificaciones, estableciendo vías más flexibles de aprendizaje con apertura al aprendizaje no formal e informal. En este sentido, en Barcelona los días 18 y 20 de mayo de 2010 se celebrará una conferencia en el marco del programa de aprendizaje permanente que comenzará el debate sobre la nueva generación de programas educativos europeos, debate que continuará en las Presidencias sucesivas. Finalmente se profundizará en la búsqueda de sinergias entre el proceso de Bolonia para la educación superior, el proceso de Copenhague para la formación profesional y el marco estratégico para la cooperación europea 2020.
En tercer lugar, me he referido a lo que era la dimensión y responsabilidad social de la educación y quiero centrarme en ella porque la Presidencia española dará una consideración especial a la promoción de esta dimensión social y a la equidad de la educación, a la cohesión social y a la ciudadanía activa, que son determinantes para la legitimación social del proceso de construcción europea y para la asunción y el ejercicio de competencias educativas por la Unión. He comentado en numerosas ocasiones que la mejor política social es la educación. No hay nada que nos iguale más que el acceso a una educación de calidad, con independencia de nuestras condiciones de partida. Por tanto, la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación será una seña de identidad en nuestro trabajo durante la Presidencia. Los Estados miembros de la Unión tienen en este ámbito características muy dispares.
Nuestro país, que tiene como gran reto reducir el fracaso y el abandono escolares, aparece sin embargo en todos los informes internacionales como uno de los sistemas educativos más equitativos. En este sentido, creo que podemos liderar los esfuerzos en esta dirección durante nuestra Presidencia. Por tanto, disminuir las desigualdades en el acceso a la educación será uno de nuestros grandes objetivos. Los grandes desafíos a nivel comunitario son: garantizar el acceso en condiciones de igualdad a la educación infantil y primaria, la lucha contra el abandono escolar temprano en todos los niveles, las políticas de educación inclusiva para estudiantes con necesidades especiales y la inclusión social de los grupos desfavorecidos como emigrantes o minorías culturales.
No quiero dejar de referirme también a la dimensión social de la construcción del espacio europeo de Educación Superior. Las universidades deben estar en el corazón de unas sociedades que hacen esfuerzo por su mantenimiento y por la financiación de sus actividades. La universidad tiene como misión la generación del conocimiento y de la investigación, pero también debe garantizar el retorno a la sociedad a través de la innovación y la transferencia del resultado de sus actividades. No basta generar conocimiento, hay que retornarlo a la sociedad para procurar su bienestar, el bienestar de los ciudadanos. Con el objetivo de incidir en estos aspectos, la Presidencia europea organizará las siguientes conferencias: la educación inclusiva vía para favorecer la cohesión social que se celebrará en marzo, en Madrid, en colaboración con la Agencia Europea de Necesidades Educativas Especiales o la dimensión y la responsabilidad social de las universidades en Málaga, en mayo, con la Dirección General de Educación Cultura y Juventud de la Comisión Europea.
Además, la agenda política del trío tiene previsto comenzar a promover durante nuestra Presidencia el fomento de las competencias transversales, incluyendo competencias interculturales, el espíritu empresarial y habilidades sociales, el respeto por los valores democráticos, los derechos fundamentales y el entorno, así como la lucha contra todas las formas de discriminación. Cabe señalar -y no lo hemos de olvidar- que durante 2010 se celebrará el Año europeo contra la pobreza y la exclusión social, en el que nuestra Presidencia tendrá un papel destacado, y la educación y la formación constituyen elementos esenciales para evitar la exclusión en nuestras sociedades.
He aludido con anterioridad a las competencias básicas en la formación profesional, desarrollando nuevas capacidades para nuevos empleos. Pues, señorías, en 2006 se aprobó una recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo sobre las competencias claves para la educación y la formación a lo largo de la vida. Durante 2009 los Estados miembros han preparado los informes sobre una primera evaluación a nivel nacional. La síntesis de estos informes se adoptará como informe conjunto del Consejo y la Comisión en el Consejo de Educación de febrero de 2010. Dichas competencias claves tienen que tener mayor implantación, sobre todo en los sistemas de formación profesional, porque la formación profesional es un elemento fundamental para el desarrollo socioeconómico y el progreso de la sociedad; y el nuevo modelo económico exige una formación profesional que se adecue a las necesidades de una economía sostenible y del mercado laboral, una formación profesional especialmente dirigida a potenciar los sectores emergentes e innovadores, una formación profesional que integre plenamente la formación en el sistema educativo y la formación en el ámbito empresarial y laboral, es decir, que acredite, que reconozca y que integre la experiencia laboral y la formación profesional. Se debe estimular una mayor cooperación entre los sistemas de formación profesional y los agentes sociales y económicos a fin de promover sistemas más flexibles y más adaptados a los cambios económicos y sociales. En este contexto, durante la Presidencia española se revisarán y renovarán las prioridades de las políticas comunitarias en formación profesional, en especial mejorando su atractivo y su calidad. Durante la Presidencia del trío se quiere avanzar en la implantación del sistema europeo de créditos de formación profesional y el marco de referencia de la garantía de calidad para formación profesional. Con ello se pretende incrementar la movilidad y se facilitará el acceso a nuevos tipos de aprendizaje. La Presidencia española tiene previsto realizar una conferencia dirigida a debatir los distintos procedimientos que faciliten la evaluación y acreditación de las competencias adquiridas a través de la experiencia laboral y de vías no formales de formación -esto tendrá lugar en Zaragoza a primeros de mayo- como factor fundamental para la mejora del acceso y promoción en el empleo, así como para facilitar el aprendizaje a lo largo de la vida. También vamos a prestar especial atención en promover el aprendizaje de personas adultas, mejorar los sistemas de orientación del alumno y una mejor cooperación entre las instituciones de educación y formación con las empresas con base en la formación en prácticas.
Finalmente, señorías, quiero esbozarles nuestras prioridades en relación con la educación superior. Como ustedes conocen, esta reunión de Bolonia de 1999, respaldada por los ministros de Educación, en principio de unos pocos países -y como fruto de aquella reunión llegamos a la Declaración de Bolonia, donde estaban presentes todos los ministros de Educación Superior-, fue el primer paso en la creación de un espacio europeo de Educación Superior. Este gran proyecto de armonización de los sistemas universitarios nacionales europeos busca no su uniformización. Hemos de evitar los temores y hablar con toda claridad de que este proceso no atenta contra la diversidad de Europa, sino que busca, trascendiendo las fronteras de la Unión Europea, incluir a 46 países de todo el continente, como es el caso, buscar desde la diferencia y la diversidad una estructura similar, creando sistemas -y estas son las palabras para el espacio europeo-, no la homogeneización ni la uniformización, sino que los sistemas sean equiparables, comparables y compatibles. Buscar una forma de equiparación y compatibilidad no es uniformar los sistemas, no necesariamente idénticos; de lo que se trata es de favorecer el reconocimiento y la movilidad. En el año 2010 todos los países integrantes del espacio europeo de Educación Superior habremos debido adaptar nuestros sistemas universitarios y unos pocos compromisos básicos, como es la estructuración de los títulos universitarios en tres ciclos, su organización, créditos europeos de igual duración en todos los países miembros, pero junto a estos acuerdos la convergencia exige algo más: la sintonía en las políticas universitarias en los países que integran ese proyecto.
No se trata de uniformizar, pero sí es indispensable sintonizar políticas y objetivos, es indispensable armonizar, más autonomía para las universidades, sistemas de evaluación exigentes, incremento y diversificación de las fuentes de financiación universitaria, gestión universitaria más transparente, más movilidad de estudiantes y profesores, mayor equidad del sistema y apertura de las universidades a la sociedad. En definitiva, hemos de dar pasos sólidos hacia la calidad y la excelencia en este contexto de equidad.
Durante nuestra Presidencia se celebrarán reuniones del grupo de seguimiento de Bolonia para preparar la siguiente fase del proceso de convergencia en la educación superior, donde se presentarán los resultados de una evaluación independiente sobre el proceso. El espacio europeo de Educación Superior ha despertado interés en diferentes regiones del mundo, no solo por la política de ayuda exterior de la Comisión a proyectos y programas de educación sino también por los programas Erasmus o Erasmus Mundus, que tienen como objetivo atraer los mejores talentos del mundo a Europa, o el programa Tempus, que promueve proyectos de modernización de universidades en cooperación con terceros países. Iniciativas europeas más concretas, como el marco europeo de las cualificaciones y el Instituto Europeo de Tecnología, junto con el proceso de Bolonia pueden ser un modelo que hemos de seguir en diferentes regiones del mundo. Durante la Presidencia española queremos impulsar la cooperación universitaria más allá de las fronteras de la Unión; sería un grave error lograr una cohesión, armonización y sintonía de los espacios de Europa y cerrar Europa a la relación con otros países, continentes y modos de ser y de pensar universitarios. Es cierto que hay que privilegiar determinadas regiones con las que se tienen más lazos, pero en una dimensión que va de lo europeo a lo global.
En febrero de 2010 se celebrará en Madrid una conferencia sobre la internacionalización de la educación superior, donde se tratará de presentar el espacio europeo de Educación Superior al mundo y discutir los objetivos específicos de la Unión Europea en un contexto mundial para identificar nuevos caminos para la cooperación internacional en educación superior entre la Unión Europea y el resto del mundo. Así que vamos a promover la celebración de foros de encuentro, seminarios y debates entre expertos, responsables políticos y representantes de todos los agentes económicos y sociales implicados en la educación superior y la universidad para profundizar en el aprendizaje mutuo con intercambio de experiencias y buenas prácticas. Creemos que es necesaria una mayor integración entre la educación superior y la innovación y para ello celebraremos una conferencia sobre nuevos modelos de universidad emprendedora. La profundización en el espacio europeo de Educación Superior, una vez finalizado el proceso de Bolonia, será objeto de especial seguimiento y desarrollo, así como la definición de un nuevo marco en línea con la construcción del espacio europeo del Conocimiento.
La Comisión ha establecido una agenda de modernización de las universidades con varios ejes que se vienen desarrollando y que queremos impulsar durante nuestra Presidencia, especialmente los que tienen que ver con reformas curriculares, la promoción de la investigación y la responsabilidad de la universidad. También hemos de impulsar el papel de las universidades en el diálogo entre sociedades, en línea con nuestra iniciativa de Alianza de Civilizaciones, así como reflexionar sobre el papel que va a desempeñar la educación superior en el nuevo modelo económico de próximas décadas. Para tales fines se celebrarán sendas conferencias.
Señorías, les he expuesto nuestras prioridades en materia de educación. Cuando hablamos de educación siempre podemos hacer más y mejor pero entiendo que el trabajo que vamos a desempeñar cubre los retos y desafíos que tiene en marcha nuestra Presidencia en materia educativa. Las instituciones europeas tienen que responder a la demanda de millones de ciudadanos comunitarios que nos piden más educación, más progreso y más bienestar. Sin más educación, sin más formación y sin más innovación no podremos afrontar los cambios sociales y económicos que necesitan España y Europa. Por ello, les reitero el compromiso del Gobierno de situar a la educación en el corazón de las políticas comunitarias. Ustedes saben que estamos impulsando entre todos en nuestro país un pacto social y político por la educación, conscientes de que el consenso y el acuerdo no solo son los mejores instrumentos, son los únicos instrumentos para mejorar la educación. Por eso, celebro que los dos partidos mayoritarios hayan encontrado un foro de consenso sobre la Presidencia en esta dirección.
Por mi parte, sabedor de la importancia de esta sede para el buen desarrollo de nuestra Presidencia, quiero tender la mano a todos los grupos parlamentarios para trabajar desde la Presidencia de la Unión Europea con la misma voluntad y deseo de alcanzar acuerdos. Estoy convencido de que ustedes también tienen esa voluntad y de que trabajaremos en común para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto como país durante la Presidencia de la Unión Europea.
Réplicas del ministro a los grupos parlamentarios
Señorías, gracias por sus intervenciones, por el acento y el tono de las mismas, que genera un ámbito de conversación, de debate y de reflexión, que es en el que uno se siente cómodo representando aquí a los ciudadanos. Esto no es una excusa para no contestar. Quería decir que la voluntad política y las convicciones son determinantes en la concreción de nuestras acciones. Ya sé que hay personas que creen que no, que lo de las convicciones es un asunto secundario -vamos al grano, suelen decir- y que lo de la voluntad política es coyuntural. Yo les puedo asegurar -y esta es una declaración de principios- que un principio no es lo que ocurre al principio, sino lo que sostiene todo lo que uno dice, así que no les digo el principio al principio para luego no hacerle caso, sino que es un principio que va a acompañar todo lo que diga, y es que crea unas convicciones y crea una voluntad política. Desde luego, si no hay eso, nos podemos ahorrar todo el esfuerzo, porque razones para no hacerlo hay infinitas. Euroescépticos hay algunos, pero eurorrealistas también. Yo me conformo con que haya europeos, es decir personas que en nombre del realismo más bien dificultan los procesos. Me parece que la Europa que nos enseñó atrévete a saber, el grito europeo, es la llamada que ahora tenemos que hacer de tener el coraje público, la audacia de no ser timoratos, y hacerlo con realismo y humildad -y se ha dicho aquí, y yo lo comparto-, con objetivos realistas y modestos -así ha de ser-.
La estrategia de educación para el periodo 2009-2020 sustituyó al acuerdo político de educación y formación 2010 y la verdad es que no hubo el consenso suficiente. Y la verdad es que hubo una Presidencia mejorable en estos dos aspectos de los que he hablado, que eran convicciones y para los que había voluntad política. Yo lo respeto, pero esto impidió adoptar un programa de seguimiento de los objetivos educativos comunes europeos y me parece que Europa sin objetivos está perdida, Europa sin horizontes está perdida. Y Europa solo con objetivos y horizontes también está perdida. Aquí cuando la universidad establecía algo se nos decía -al menos a mí cuando era rector- que no bastaban los proyectos y los horizontes, que hacían falta indicadores, objetivos, cronogramas, presupuestos. Lo mismo le digo yo a Europa y me digo a mí mismo como europeo. Si de verdad queremos algo, no temamos a establecernos también objetivos, no temamos a poner indicadores para evaluarnos, no temamos a hacernos un cronograma y, como ha dicho con razón el señor Peral del Grupo Parlamentario Popular, no temamos saber que ahí hay también un compromiso de financiación desde los distintos países ante el panorama de lo que queremos hacer. A los demás sí les pedimos indicadores, objetivos y cronogramas, pero cuando nosotros hacemos algo ponemos líneas generales de actuación. Yo pienso que en este momento Europa está pidiéndonos algo más que líneas generales de actuación y me parece que el desafío es vincular el marco estratégico al programa de la estrategia de Lisboa.
En ese contexto y desde esa convicción, he querido entender de las tres intervenciones -tanto la del senador Sabaté, como la de doña Ana Sánchez y la del señor Peral- que había una voluntad de marcar siempre el acento en las personas, en los ciudadanos, en la libertad de los ciudadanos, en sus posibilidades de realización, en las ciudades, en las universidades y, en ese contexto, en los países. Pero ese discurso supone una transformación bastante radical y se acerca bastante -me van a perdonar, esto no volverá a ocurrir, voy a citar a Aristóteles- a la política de Aristóteles, que decía que donde estaba un ciudadano allí estaba la ciudad. Europa no es un depósito de europeos ni una cohorte de europeos, sino que donde hay un europeo allí tiene que estar Europa. Por tanto, la educación se convierte en el factor determinante. La educación de cada europeo, la formación de cada europeo, la dignidad de cada europeo es lo que soportará Europa. Los Estados no son recipientes llenos de ciudadanos. Si creemos esto de verdad no me extraña que compartamos también algunas posiciones sobre hacer la Europa de los ciudadanos. Desde ese punto de vista no se me ocurre ninguna acción que pueda hacer más por Europa que la formación integral en valores y en conocimientos de cada uno de los ciudadanos europeos: de todas y cada una, de todos y cada uno de los europeos. Mientras haya un europeo sin formación y sin conocimiento, Europa será menos libre y Europa será menos Europa. Como compartimos esto, yo me limito simplemente a ponerle titulares, pero creo que es determinante reconocerlo. Porque cuando empieza el espíritu de Bolonia o el espíritu de La Soborna, cuando las universidades europeas se quieren poner en el corazón del proceso, lo primero que dicen es exactamente esto: un momento, a ver si alguna de las razones de la resistencia a la Constitución europea no obedecen simplemente a que hemos perdido el espíritu europeo. A ver si alguna de las resistencias obedece precisamente a que hay algunos que no lo han perdido; es decir, a que sigue siendo importante que Europa sea una Europa humanista, la Europa de la ciencia, la Europa de la cultura, la Europa de las universidades, la Europa de las ciudades, la Europa de los ciudadanos, la Europa social. Esta es modestamente nuestra propuesta y la propuesta que creo que comparten -por lo que he oído y porque aquí estamos representando a los ciudadanos- los ciudadanos, la que se siente ciudadanamente.
Desde ese punto de vista creo que la educación es la base, pero la base de una nueva economía. Desde luego, la economía -no hace falta darle muchas vueltas- es también una ciencia humana, una ciencia social. A veces olvidamos que la economía es una ciencia social. Parece como si fuera una ciencia tecnocrática. ¡Si es una ciencia humana y una ciencia social! Por tanto, en el corazón de la economía tiene que estar la educación como vértebra. Así que no me extraña que si hay un debate en todo el mundo sobre hacia qué modelo de economía vamos o sobre si la economía ha de ser sostenible social, económica y políticamente, aparezca la educación en el corazón mismo de la economía. La educación aparece en el corazón mismo de Europa y por eso vamos a trabajar. Así que la dimensión social de la educación no es solo una declaración de principios de sociología; es una declaración de valores, convicciones y políticas europeas que sitúan en el corazón mismo de la economía a la educación.
Es verdad, señor Sabaté: las mismas oportunidades y oportunidad que pueda ir más allá. Desde la equidad, calidad; desde la equidad, a por la excelencia; desde condiciones de igualdad de oportunidades, a por la excelencia. No nos conformamos sin más con la equidad. Queremos procesos de excelencia y de calidad y, por tanto, hay que hacer dos cosas a la vez, que son: políticas de equidad e igualdad de oportunidades. Políticas que desde ahí propicien, incentiven e impulsen la excelencia. Así hemos querido hacer hoy en España -es un ejemplo lateral- con el campus de excelencia internacional. Hay que mandar este mensaje. Trabajamos en un espacio internacional, en un espacio de excelencia, en un espacio de competitividad, en un espacio donde queremos competir también con otras economías, porque el gran debate del espacio europeo es también un espacio de competitividad con otros ámbitos, no un espacio de cerrar Europa sino de abrirlo a otros espacios de competencia y de universalización. Creo y estoy muy de acuerdo en que en la formación profesional hay que intercambiar experiencias, porque hay países que lo están haciendo mejor que nosotros. Hay países que han hecho un recorrido. Ese recorrido se podría explicar sociológicamente. Podría explicar por qué en España ha habido esta pasión por parte de todas las familias -yo diría que está muy bien justificada- de ir a la universidad. Esta voluntad se puede explicar sociológica, histórica y políticamente, y no vamos a decir que no se tenga esta universalización de ese derecho a la educación superior, pero la formación profesional también puede ser una educación superior. De hecho, lo es. Por tanto, tenemos que ver, comparando los datos de España con otros países de Europa, que en España debe haber 500.000 estudiantes más de formación profesional. Por tanto, antes de que empecemos a hacer un concurso de ocurrencias, sería interesante ver qué experiencias se han hecho en otros países. Nosotros ya estamos comprometidos en esto y estamos trabajando también para hacer un encuentro sobre formación profesional con la experiencias realizadas en otros países. También les puedo decir que el Erasmus de formación profesional -a veces se olvida que también hay un Erasmus de formación profesional- también ha sido muy interesante para mover y relacionar profesorado, estudiantes. ¿Que eso tiene que crecer? Pues hagámoslo crecer. También en formación profesional superior -ha sido citado en distintos lugares y el señor Peral, del Partido Popular, también ha aludido a esto- España es muy activa en la movilidad dentro del programa de aprendizaje permanente. Tuvieron más de quinientas solicitudes de centros para obtener la carta Erasmus, más que el resto de los países de la Unión Europea juntos, quitando Francia, que fue el segundo de los países. Algo está pasando también en la formación profesional. Aquí hay indicios. Se está incrementando por primera vez en España esta demanda. Pero no hablamos ahora de España. Hablamos con una dimensión europea, y en esta dimensión europea va a ser determinante este intercambio de formación profesional. Me agrada mucho oírles, señor Sabaté, que la formación profesional también es una formación integral, una formación de la persona, porque alguno nos confundimos si creemos que la formación profesional es simplemente un adiestramiento profesional. No es un adiestramiento profesional. Ha de ser una formación integral y no puede calificarse de formación ningún estudio con una titulación superior si no es una formación integral. Hay que decirlo una y otra vez a la hora de elaborar planes de estudio en toda Europa. Comparto además la opinión de que en esa formación integral los valores europeos y el conocimiento de Europa son también determinantes. Lo que han significado el proceso integrador, el amor a las instituciones, el conocimiento de Europa, la huella de Europa y sentir ese alma europea es clave, y ahí todos estamos lejos de lo que hemos de hacer.
Asimismo, es cierto que no va a bastar una formación generalista; no va a bastar. El informe de la OCDE dice que, en torno a los años 2020 ó 2025, solo el 10 ó el 15 por ciento de los trabajos en Europa no serán cualificados. Si solo el 10 ó 15 por ciento de los trabajos no son cualificados, es tanto como decir que prácticamente el que no tenga una formación cualificada es un parado inmediatamente o en potencia, porque la formación cualificada es la única garantía de empleabilidad; la única garantía. Por tanto, la extensión de la educación en el corazón de una economía que vincula directamente formación con empleabilidad, que la vincula tan directamente que a mayor formación más empleabilidad e inserción laboral, nos lleva a decir estas dos cosas que se han dicho. Por un lado, la formación profesional no solo es un adiestramiento profesional, sino que es una formación integral y, por otro lado, la formación profesional tiene que ser cualificada. Los títulos universitarios tienen que dar formación integral y formación cualificada, si no, no habrá verdaderamente inserción laboral de nuestros estudiantes. En esta idea de la Europa de las universidades es donde la equidad y la innovación, que han sido citados, o igualdad e innovación es casi el lema de nuestra Presidencia, que todos compartimos: equidad e innovación; y equidad en esta dimensión global. Sé que hay distintas lecturas de la equidad. El señor Peral insistía en un concepto de libertad, de la libertad de educación, que también tenía que ver con la libertad de creación de centros o con el derecho de los padres a la elección. Ahí hay un modelo de libertad que hemos de hacer compatible con otros conceptos que quizás pueden verse desde otros puntos de vista, pero está claro que no hay diferencias en la voluntad de que la equidad, la igualdad y la libertad sean elementos determinantes de esa elección. Desde ahí cada uno los invoca desde su posición política, que es respetable, porque convivimos desde esas posiciones políticas. Para el Gobierno la innovación y la igualdad son los elementos y la igualdad incluye, desde luego, la asunción de la diversidad, de la pluralidad, de los distintos modos de ser y de vivir y de las distintas concepciones e incluso de la inclusión -es la palabra- en todos los terrenos de políticas de accesibilidad y de inclusión de la diferencia. Solemos decir casi en una fórmula: derecho a la diferencia, pero no diferencia de derechos. Solemos hablar de la unidiversidad europea, no de la uniformidad. Comprendo que a veces pueda haber resistencias a espacios europeos, si se entienden como un espacio de aplanación, de uniformidad, de homogeneidad, de aniquilación de las diferencias, pero estamos hablando más bien de un espacio equiparable, comparable y compatible. Europa no es solo una corte de europeos.
Estoy muy de acuerdo en que es importante la formación en valores. También quiero decir una pequeña cosa, a la que ha aludido lateralmente el señor Sabaté, pero que es muy importante. La formación en valores no es una cosa de las humanidades. La formación en valores no solo es compatible con la formación científica, sino que si la formación científica no es formación también en valores estamos perdidos, porque la formación en valores atraviesa todo el contexto de formación. No caigamos en la división nuevamente de la Europa de las ciencias y la Europa de las letras. Porque Europa nace exactamente para superar esa división, para saber hasta qué punto es extremadamente necesario hacer compatible la formación en valores con la formación científica y del conocimiento. Les puedo decir que desde nuestra Presidencia se dará también, no solo un impulso a esta formación de valores, entendida desde un contexto, sin más, vinculado a humanidades, como si fuera una cosa de las letras, sino que la ciencia, la innovación, el desarrollo y la transferencia serán asimismo el corazón de Europa.
El señor Peral, hablando del futuro de Europa, decía que comparte que no puede ser un asunto meramente competencial y, de paso, ha hecho algunas alusiones a nuestro país -que respeto y además reconozco que están bien traídas, por lo que no tengo nada que decir-, en el sentido de que dice: A ver si va a ser más fácil moverse por Europa y luego va a haber dificultades para moverse por nuestro país. No lo decía con esas expresiones, pero había una alusión a que los espacios también tienen que ser equiparables y conmensurables y que las competencias no tienen que estar individualizadas, pensando en una Europa que tenga unos valores de cohesión social y territorial que estén por encima de los legítimos intereses individuales.
En ese sentido, los objetivos de 2020 son difíciles y, de algún modo, imposibles de alcanzar. Aunque he defendido los indicadores, estoy de acuerdo también con que veinte indicadores son muchos. Esos veinte indicadores que citaba S.S. fueron una propuesta un poco exploratoria de la Comisión. Comparto su reflexión y tenemos que trabajar en ello. En 2010, bajo Presidencia belga, se debatirá sobre la posibilidad de establecer indicadores para movilidad y empleabilidad si, efectivamente, hay consenso. He visto los objetivos o cuotas a alcanzar para los sistemas educativos del tipo, por ejemplo: en 2020 al menos un 15 por ciento de los adultos tienen que participar en actividades de formación profesional; en 2020 el número de alumnos comprendidos entre 18 y 24 años con un nivel de secundaria básica debería ser el 10 por ciento. En la reunión que tuvimos en Lovaina de 46 países se señaló que para 2020 el 20 por ciento de los universitarios europeos tiene que tener una debida movilidad, han tenido que estudiar un año fuera; no que cada país debía de haberlo logrado, sino de una manera global en Europa. Si se entienden como señales esos objetivos, me parece que no está de más marcar esos objetivos. Ahora bien, si alguno piensa que vamos a tener a todos los europeos midiendo palmo a palmo, gramo a gramo, cada una de las consecuencias, no vamos a poder cambiar el modelo de desarrollo sostenible, porque para evaluar algo hace falta que haya algo que pueda ser evaluado. Por eso, es muy interesante que sin euforias, con mucho realismo, trabajemos en esta dirección, y creo que no está mal marcar objetivos.
Con respecto a algunas alusiones que venían de paso a nuestra situación en España, es verdad que tenemos que avanzar en algunos asuntos. Es cierto que cuando se mira el informe de la OCDE completo, en todos y cada uno de los indicadores hay aspectos que no van bien, otros van mal, otros van muy bien, otros van regular. Lo importante es que hay que tener una visión global. Es más, he dicho en otro contexto -también en el Congreso de los Diputados- que acepto el informe de la OCDE como un diagnóstico de la situación de la educación española. Solo pido que se mire globalmente todo, no solo unos aspectos y no otros; y mirándolo globalmente, en algunas cosas tendremos que mejorar. Esta misma semana hemos impulsado lo de leer.es como una convocatoria para saber que en competencia electrónica en Europa hay un problema. Hay un problema serio de comprensión lectora en Europa. Desde luego, cuando uno comprende lo que lee acaba no comprendiendo lo que el otro dice, y acabamos no comprendiéndonos ninguno de los que estamos aquí presentes. Y puestos a comprender, otro de los objetivos por nuestra parte es el impulso del conocimiento de otras lenguas; es indispensable. Para nuestro país este es un problema serio. Si uno mira el listado de cómo se encuentra España en relación con otros países en el desconocimiento de lenguas tenemos una gran tarea que desarrollar. Empiezo por decir que, de paso, no estará mal que conozcamos más las nuestras y las queramos mucho. Cuando hablamos de estos objetivos que se han señalado, como primaria, el abandono, la formación profesional, sí que estoy de acuerdo en eso y, sobre todo, en la flexibilización del modelo, la transversalización del modelo en toda Europa. Hay algunos países que impiden un poco la efectiva movilidad por esos modelos rígidos. Por ejemplo, entre la universidad y la formación profesional hay que flexibilizar, y nuestro compromiso es hacer un decreto en esa dirección. Ya estamos dando pasos en ese sentido. Yo sí soy partidario -no sé si los países lo serán- de hablar de fondos europeos en relación con la educación, e incluso soy partidario de hacer un gran pacto de financiación, al menos unos compromisos de toda Europa. Bueno, no sé si habrá tanta voluntad por parte de los países de hacer algo equivalente a los fondos de cohesión para ver en qué situación está cada objetivo por cada país, no vaya a ser que ahora todos empecemos a estar mal para poder avanzar hacia esos objetivos. Sí es cierto que en la línea de lo que señalábamos de no uniformizar, aceptar la diversidad, y desde esta hacer sistemas equiparables y comparables, es cierto que los objetivos también pueden ser por país y que luego sean todos compatibles; eso que llamamos de la universidad? europea.
¿Más dinero o más leyes? Como sabe, señor Peral, esto es muy polémico. Para afrontar los temas de la educación, ¿la solución es ir hacia más normativa, más leyes o más bien hacia cambios de cultura o de modelos, sin perjuicio de que haya que buscar algún tipo de legislación? Esto lo ha dicho más bien en el sentido de "no miraré al dedo, miraré a la luna", que es, como usted señalaba, el esfuerzo sostenido y el consenso, que son elementos importantes entre lo europeo, lo nacional y lo autonómico. Espero que Europa sea nuestra posibilidad de superar algunas visiones localistas estrechas, de corto horizonte, que a veces nos impiden entender que es en el contexto de esos horizontes de más amplitud donde tiene más sentido la singularidad.
Acabo con un par de alusiones. A doña Ana Sánchez quiero decirle que Bolonia saldrá bien si lo hacemos bien y saldrá mal si lo hacemos mal. Esto hay que decirlo así de claro. Estas cosas que parecen triviales señalan algunas cuestiones, señalan que esto tiene mucho que ver con nuestra acción, que está en nuestras manos que lo hagamos bien. Desde luego, dotar de dimensión social a la educación va a dar garantías a muchas personas que miran con reticencia y que emplean términos como mercantilización de la educación superior. Lejos de Europa esta voluntad, lejos. Desde luego, tras la experiencia y el recorrido hecho por Europa, cada día está más claro para todos que la igualdad de oportunidades y la dimensión social de la educación son las únicas garantías de la adhesión de Europa a este proyecto, que, si no, será visto con reticencias. Agradezco que se subraye que la educación y la formación son el mayor bienestar. Aunque los objetivos señalados en principio en Lisboa no hayan podido alcanzarse, comparto su posición y no solo por razones de edad, aunque le recuerdo que usted y yo nacimos en el mismo siglo y vamos a morir en el mismo siglo.
Me ha gustado oírle decir que no hay que renunciar a la ambición por el conocimiento. Espero que aprendamos de otros países, por ejemplo, en la formación profesional, pero nosotros también tenemos algunas experiencias y otros países pueden ver al menos cómo nos ha ido -nos están mirando- en educación infantil o en algunos sistemas de universalización de la educación o en la extensión del sistema educativo. Por tanto, tenemos que trabajar coordinada y conjuntamente.
Su intervención y la de otras señorías que han tomado la palabra son para nosotros un estímulo y un compromiso. Uno sabe bien en qué lugar dice las palabras que dice, y dichas aquí, alcanzan el carácter no de un discurso sino de una responsabilidad adquirida ante los ciudadanos.