Ministerio de Educación, Cultura y Deporte - Gobierno de España

Discurso

Discurso del ministro de Educación, Ángel Gabilondo, en el acto de presentación de la "Nueva gramática de la lengua española"

10 de diciembre de 2009

Majestades

Sr. Director de la Real Academia Española

Sres. Directores de las Academias de América y Filipinas

Sres. Académicos

Sras. y Sres.

Majestades, Su presencia, su compañía, que tanto agradecemos, impulsa una vez más el amor a la lengua, a la cultura y a la educación.

Heráclito considera que el rayo gobierna todas las cosas. También las palabras y la vida. El rayo que es Logos. Siquiera para acompañar su alumbramiento diremos que se puede regular y gobernar, timonear, con la Gramática. Y puede hacerse desde la organización y el uso que no los catalogan. Proceder así es un modo cuidadoso de atender los matices, los detalles, un modo de ser minucioso y atento, un modo de escuchar lo que hacemos y decimos. Un modo sin indiferencia, que no procede al por mayor sino al detalle y el detalle corta, aísla, es estilo. También un modo de relacionarse. No es el día para insistir en esta posibilidad de que el gobierno haya de proceder como la gramática, pero no deja de ser interesante tomar esta referencia de la lengua de los hablantes, de lo que nos decimos y escribimos y comprobar qué acuerdos podemos adoptar para gobernarnos mejor.

Acaba de publicarse una Gramática para tener a mano, pronto será manual. Y nada más a mano que lograr que esté en cada uno, que forme parte de nosotros y haga que seamos nosotros mismos. Regular, gobernar, timonear nuestras palabras, nuestras expresiones, cuanto decimos y escribimos es ya una forma de gobierno de sí, de cuidado de uno mismo. Pero, no hay cuidado de uno mismo sin cuidado del lenguaje. Por eso, el cuidado del lenguaje, el amor y el cuidado a la palabra, a las palabras, es hoy tan educativo. La educación es el ejercicio del gobierno de sí y el cuidado de los otros, de lo recibido, de lo que hemos de transmitir. Pero necesitamos ayuda, apoyo, compañía, consejo, horizonte. Nos hace falta la gramática, que es casa común de la diversidad. Precisamos modos diferentes de compartir una misma lengua, en un espacio de posibilidades. Necesitamos formas de comprender, de comprendernos.

Leíamos estos días comentarios sobre el reciente texto Vivir a muerte, que ofrece las cartas, las últimas palabras de quienes fueros fusilados horas después por los nazis entre 1941 y 1944. Todas conmovedoras. Traemos hoy unas especialmente elocuentes para esta ocasión: "Perdonadme las faltas de ortografía". Solicitar este perdón ante la muerte da que pensar ¡Qué singular relación con la escritura ajustada, con lo que uno es y significa vinculado a la corrección de las palabras, para decir esto en un momento así! "Perdonadme las faltas de ortografía". Quizá porque la lengua es vida y la lengua correcta vida correcta.

Ayer se resolvió el X Concurso Hispanoamericano de Ortografía en la Habana. Tras las diversas competiciones en nuestros diferentes y comunes países fue, una vez más, una fiesta de este cuidado. En la final clasificatoria celebrada en España, todo se dirimió en definitiva por una tilde y ello confirmó que una falta no es sólo una incorrección, es siempre una lesión en la palabra, una herida que la hace resultar desajustada. Una palabra mal escrita, mal empleada, introduce una suerte de injusticia en el mundo. Ayer zanjó el asunto la palabra cobaya con la que una joven uruguaya de 18 años, superó a los finalistas de República Dominicana y de España. En el acto de clausura el colombiano Rafael Eduardo Orozco indicó que la iniciativa va más allá de promover el buen uso del idioma, pues también se propone desarrollar hábitos de lectura, excelencia académica e integración hispanoamericana.

La educación por la palabra compartida, correcta, reconoce aquello que Heráclito hermosamente nos recuerda: "Cambiando descansa". Ese cambio la hace permanecer, el hecho de que también compartamos sus alteraciones y las acordemos. Y hemos de agradecer y felicitar a quienes hoy nos ofrecen este espacio diferente para proseguir lo que somos.

Espero que en cada hogar, en cada aula, en cada lugar de estudio, de investigación, en cada universidad, la Gramática sea compañía, regalo, posibilidad de aprender, de enseñar, de apreciar y de hacerlo argumentada y razonadamente. Y ya esperamos el próximo otoño para que esté aún más cerca de cada escolar en su versión más reducida, quizá también en su versión digital. En definitiva, se trata de cuidar y de cuidarnos en la lengua, con la lengua, por el amor a las palabras, por el amor a la palabra.

En definitiva, aprender es aprender a hablar, a leer y a escribir. Correcta, ajustada y justamente. Y ésta ha de ser una prioridad educativa. Sólo así podremos comprender y comprendernos, y responder adecuadamente. Sólo así tendremos en cuenta de verdad al otro, a los otros, a todos. En última instancia, así seremos más libres y mejores ciudadanos. Ninguna propuesta educativa ha de olvidarlo. Y la gramática y la lengua han de procurarnos los medios para lograrlo. Y para decirlo. Y para hacerlo bien.

Gracias, en nombre de todo el sistema educativo por este trabajo intenso, serio, riguroso y necesario, por ofrecernos nuevas fuerzas y razones, nuevos impulsos, elementos y posibilidades. Quien no cuida sus palabras, su discurso, su decir, en cierto modo se descuida de sí y de los otros.

Felicidades a quienes han investigado y elaborado la Nueva Gramática, a quienes han dado tiempo de vida para decir "aquí estamos gozosos" y "aún nos queda trabajo". Gracias. Empieza no sólo un año, sino otra época más plural, otro modo de entender que lo inclusivo, lo intercultural, puede abrigarse en una lengua común abierta a los otros. Así tenemos más posibilidades de relación. Abramos una página cualquiera. Ya por ser página es pacto de paz, aldea que acoge las diferencias, es pango, es un espacio que se construye desde el esfuerzo colectivo y la tarea de cada cual. Cada página es un lance, un episodio de reflexión. Esta gramática es una recolección, una lectura, un trabajo coordinado y colectivo. Y por eso estamos tan agradecidos. A la Real Academia Española y a todas y cada una de las Academias, a la Comisión Interacadémica, que comparten el mismo amor y el mismo sueño, que es nuestra lengua, sin un único autor. Felicidades.

Majestades, necesitamos de su impulso y aliento. También para gobernar como la gramática, argumentada y reflexivamente, buscando el espacio común de los acuerdos, en un espacio de legítimas diferencias. Gracias por vuestra presencia y apoyo. Necesitamos educar con la gramática y educar por la palabra.

Gracias. Muchas gracias.

 

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