Me gustaría en primer lugar agradecer a la Comisión Europea la disposición para organizar esta Conferencia Anual bajo Presidencia Española, así como dar la bienvenida a las autoridades presentes. Pero especialmente quería dirigir mi mayor agradecimiento a todos los profesores que se encuentran hoy aquí, muchos de ellos parte de esos más de 80.000 que ya conforman la iniciativa eTwinning, 8.000 de ellos españoles.
Con vuestra implicación activa, habéis acercado hasta los estudiantes y a los centros escolares una acertada herramienta para impulsar, a través de la nueva vía que suponen las tecnologías de la información, esa dinámica dialéctica y colaborativa que siempre estuvo en la base de todo aprendizaje. Estáis liderando un proceso que nos ayuda a desarrollar la dimensión social de la educación y por eso la ciudad de Sevilla se siente orgullosa de acogeros.
Sin duda, eTwinning se ha convertido en una plataforma ejemplar en el ámbito de los proyectos educativos europeos. Nació, hace tan solo cinco años, del deseo de los profesores de países distintos de trabajar juntos a través de Internet, pero reflejó pronto que era mucho más que eso. Era también el deseo de enviar un mensaje a los estudiantes. El de que estaban invitados a sentirse parte del espacio educativo, que estaban invitados a aprender aportando. Fue una buena idea porque les necesitamos. Necesitamos sus ideas y sus propuestas para acometer los desafíos que nos hemos propuesto.
En eTwinning toda la comunidad educativa comparte, dialoga, construye y avanza. Esa es la educación que queremos: la educación que es parte de su sociedad, la educación donde los profesores, figura central del sistema, consiguen que éste sea percibido como propio e inclusivo también por los alumnos y por los ciudadanos.
El funcionamiento de Twinning pone en práctica numerosos principios que están en la base de la Estrategia 2015 que resume la visión de este Ministerio para una educación con futuro. Los hemos marcado como prioritarios en este semestre presidencial y queremos que estén en el corazón de la nueva estrategia 2020 de la Unión Europea: aprendizaje intercultural y continuo; dimensión internacional y multilingüe; formación universitaria y formación profesional; modernización tecnológica y de planteamiento; apuesta por la investigación y la innovación; excelencia y equidad; generación de habilidades académicas pero también sociales.
Todo ello, sin renunciar al espíritu crítico, porque educar no es hacer dóciles empleados sino formar activos ciudadanos. No es sólo aprender a hablar, escribir y leer, sino aprender a procesar correcta, ajustada y justamente lo que se escucha y se dice. Sólo así podremos comprender y comprendernos, respondiendo adecuadamente a la enorme magnitud de los retos que vendrán.
Creemos que la educación es la mejor fuente bienestar para las personas, que es la mejor política social y también económica, porque garantiza no sólo la empleabilidad sino también el crecimiento en numerosas dimensiones. Su potencial para nivelar sociedades, para impulsar la igualdad de oportunidades, no tiene parangón. Un sistema educativo justo y universal, eficiente y competitivo, de calidad y excelencia para todos, garantiza la cohesión y la equidad, la libertad y el progreso. Por tanto son los ciudadanos los que más han de exigir el impulso a la educación, porque cuando hablamos de educación hablamos de ellos.
En el año 2020, el 85% de los puestos de trabajo que se ofrezcan serán cualificados. Si activamos sin más dilación las palancas pertinentes no habrá brecha educativa. Esas palancas se basan en lograr que crezca la cultura de la enseñanza de modo que se observe el estudio y la formación como un derecho irrenunciable y se reconozca al conocimiento y su transferencia al tejido productivo como necesidad. Para lograrlo, hablemos de las necesidades de los profesores, corazón del sistema. Pero también hablemos de trabajar juntos a partir de su esfuerzo, o mejor de luchar juntos, de compartir e intercambiar experiencias sobre cómo aprender más y mejor.
La educación es una enorme fuerza de cambio y de progreso. Las sociedades europeas lo saben bien porque es el trabajo educativo lo que permitió dejar de percibir al otro como enemigo, facilitando esta larga etapa de paz. Antes esgrimíamos nuestras diferencias; ahora compartimos identidades y llegamos a acuerdos para avanzar. Pactar es eso y educar también. Siempre es la comprensión, la construcción y no la destrucción a partir de lo realizado por el otro, lo que permite la mejora. Pregunten a los jóvenes qué prefieren: el diálogo o el muro, el intercambio o la frontera, la suma o la división, la división o el pacto.
Iniciativas como eTwinning, cuyos pilares fundamentales son la colaboración escolar y el uso de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, cobran un gran valor en estos momentos. Conectan con la sensibilidad en red de los estudiantes y además actualizan los modos de crear conciencia europea desde la iniciativa personal, y no desde la obligatoriedad, siguiendo la estela de otras iniciativas que han hecho lo mismo con enorme éxito, como las Becas Erasmus. Nosotros hemos tenido que aprenderlo, pero las nuevas generaciones ya son europeas, ya son tecnológicas, ya son multiculturales. Hagamos que la educación potencie todos esos rasgos de identidad tan beneficiosos, no que los limite. Sólo con formación hay perspectivas. Sólo con educación se crece.
Muchas gracias.